Cuaderno de viaje: Polonia
12 jun 2012
(Todas las fotografías por Helena Gil)
"Las ciudades polacas son feas, en especial la capital, y los polacos muy serios y no hablan inglés, ni otro idioma que no sea el suyo". Algunos de los tópicos más habituales de Polonia hacen que a los 5 minutos de llegar el visitante se pregunte “¿pero de dónde se han sacado eso?”. Aunque la mayoría de las ciudades tuvieron que ser reconstruidas tras la II Guerra Mundial, las obras se han llevado a cabo con tal precisión que es imposible notar la diferencia a menos que se sepa de antemano. Además, todos los centros históricos son completamente peatonales y, los que no lo son tanto, cuentan con unas aceras de kilómetros. Todo con una banda sonora de lujo: en cada esquina se escuchan maravillosas melodías tocadas por gente de todas las edades en instrumentos de cuerda.
Varsovia
La capital polaca cuenta en la actualidad con más de 2 millones de habitantes y su casco histórico, destruido en 1944 y completamente reconstruido después, es desde 1980 Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Y no es para menos ya que a no ser que lo sepas de antemano, absolutamente nada te lleva a pensar que las calles y edificios que componen la Stare Miasto (ciudad vieja) no sean los originales de los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX. Así, aunque pequeñita, la ciudad vieja de Varsovia merece mucho la pena. Es imprescindible pasear por todas y cada una de las calles peatonales que la conforman, desde la plaza del castillo hasta la barbacana y desde ésta hasta la plaza de la ciudad nueva. Merece especial atención la plaza o rynek de la ciudad vieja, presidida por una sirenita que, según cuenta la leyenda, es prima hermana de la de Copenhague y tiene como cometido defender la ciudad de cualquier enemigo.
Fuera del casco antiguo no hay que perderse el Palacio de Cultura, regalado por los soviéticos y construido a imagen y semejanza de los siete rascacielos de Stalin en Moscú, el parque Lazienkowski y los monumento a los Héroes del Guetto y a la Insurrección de Varsovia.
Castillo de Malbork
Construido en el siglo XIII por la Orden de los Caballeros Teutónicos, se eleva en una colina junto al río Nogat el impresionante castillo gótico de Malbork, el más grande del mundo hecho de ladrillo. En total cuenta con 21 hectáreas de superficie rodeadas por muros y fosos y la entrada flanqueada por las grandes puertas, atalayas y torres. Desde 1997 es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.
Gdansk
La historia de esta bella ciudad, antigua Danzig, está ligada a dos grandes acontecimientos del siglo XX: el 1 de septiembre de 1939 dio comienzo la II Guerra Mundial con el bombardeo de los alemanes sobre Westerplatte y edificios como el de correos, que en la actualidad muestra una placa y un monumento conmemorativos a la valiente, aunque fallida, defensa llevada a cabo por sus empleados. 40 años después nació en Gdansk el sindicato anticomunista Solidaridad, liderado por Lech Walesa.
Gdansk cuenta con un amplio casco histórico completamente reconstruido tras la II Guerra Mundial. En la Targ Weglowy se puede ver el arsenal, un precioso edificio gótico y, desde ella, acceder al casco histórico a través de las tres puertas, la última la del oro, que desembocan en la calle Dluga. A tan solo unos metros del río, se encuentra la plaza del mercado con el Ayuntamiento y la fuente de Neptuno. Dice la leyenda que el mismísimo rey del mar contribuyó a la elaboración del más famoso de sus licores, el Goldwasser. Siguiendo el paseo que discurre a la orilla del río hacia la izquierda se encuentra una grúa del siglo XV, capaz de levantar 4 toneladas de peso a más de 11 metros de altura. También desde aquí salen una infinidad de pequeñas callejuelas de las que cabe destacar la ulica Mariacka, más conocida como del ámbar por las numerosas tiendas donde se pueden adquirir desde anillos y pendientes hasta muebles. Al final de esta calle se encuentra la iglesia de Santa María, el mayor templo de ladrillo de Europa. En su interior podemos encontrar una Piedad de piedra, un reloj astronómico del siglo XV y una copia del cuadro de Hans Memling “Juicio Final” (el original está en el Museo Nacional de Gdansk).
Merece también la pena desplazarse unos metros más hacia el oeste y recorrer el canal que discurre en perpendicular al río para ver el ayuntamiento de la ciudad vieja, el molino y las iglesias de Santa Catalina y San Nicolás.
Torun
Aunque durante la II Guerra Mundial fue utilizada por los nazis como campo para prisioneros de guerra, la ciudad natala del célebre astrónomo Nicolás Copérnico apenas recibió daños y sus plazas y callejuelas conservan hoy día la misma composición que hace 700 años.
Cruzando el Vístula se accede a la muralla de la ciudad con su torre inclinada a la izquierda y siguiendo en perpendicular por la calle Zeglarska se deja a la derecha la casa – museo de Copérnico. Al fondo se encuentra la plaza principal de la ciudad, donde destaca el antiguo ayuntamiento. En la misma plaza, frente a la escultura de Copérnico, está la casa bajo la estrella con su fachada decorada en estuco y coronada, como bien dice su nombre, por una estrella. Antes de dejar la plaza conviene acercarse a la tienda donde venden los famosos Pierniki, galletas de jengibre polacas de todos los tamaños y sabores. En las proximidades de la plaza se hallan las iglesias de San Juan, donde fue bautizado Copérnico; Santa María, del siglo XIII; y San Jacobo, del XIV. Finalmente, cabe destacar las ruinas del castillo de los Caballeros Teutónicos.
Poznan
Situada a orillas del río Varta, Poznan es una de las ciudades más antiguas de Polonia. Aunque su casco histórico es muy pequeño es de los más bonitos del país. En la Plaza del Mercado se alza el Ayuntamiento, reconocido como unas de las joyas del renacimiento, dividiéndola en cuatro partes llenas de casitas góticas, barrocas y renacentistas de todos los colores. En cada una hay una fuente, siendo la de Proserpina la más famosa y antigua (siglo XVIII). Otro elemento a destacar es la picota medieval.
Wroclaw
Al finalizar la II Guerra Mundial los aliados acordaron un nuevo mapa para Polonia y sus fronteras cambiaron drásticamente. Así, en los tratados de Yalta y Postdam quedó definido que la URSS ampliaba sus fronteras hasta la línea Curzon y Königsberg. A cambio, la frontera oeste de Polonia se desplazó hasta la línea Oder-Neisse, perdiendo el país en el cambio un 20 por ciento del territorio. De este modo, la antigua Breslavia alemana pasó a ser la actual Wroclaw polaca.
Los movimientos anticomunistas que se desarrollaron en las siguientes décadas tienen hoy su representación en las calles de la ciudad: enanitos de bronce desempeñando todo tipo de actividades se reparten por el casco antiguo en recuerdo al movimiento anticomunista “Alternativa Naranja”. Cerca de la ópera, se encuentra una impactante escultura que muestra varias personas saliendo de la acera y que es conocida como “los peatones anónimos”. Se construyó en 2005 en memoria de los desaparecidos en diciembre de 1981 tras la introducción de la ley marcial en la ciudad.
Hoy en día, se pueden encontrar en Wroclaw personas de todas las nacionalidades y en parte se debe a que es uno de los destinos preferidos de los estudiantes con becas Erasmus. De hecho, la universidad de esta ciudad tiene más de 300 años de antigüedad y de ella destacan los edificios barrocos de la facultad de teología y la iglesia y el museo de la Universidad, donde se puede contemplar el Aula Leopoldina.
El ayuntamiento gótico y renacentista es un edificio único en toda Europa y está ubicado en mitad de la plaza del mercado. Rodeada por bellos edificios, merecen una mención especial las casas de Juan y Margarita (o Hansel y Gretel) unidas por un arco que, según la leyenda, desaparece por la noche para que los amantes puedan estar juntos. Muy cerca de aquí, casi escondidos, encontramos a unos simpáticos compañeros de los enanitos: un conejo, un gallo, un cerdo, una cabra y un pato en bronce rinden homenaje a los animales de granja.
De la esquina suroeste parte otra plaza, la del Sol, donde se pueden comprar flores las 24 horas del día. Y justo desde el lado opuesto, caminando por la calle Kotlarska unos 15 o 20 minutos, se llega hasta el edificio circular que alberga el panorama Raclawice: una pintura de 120 metros de largo por 15 de alto que representa la victoria de los polacos, dirigidos por el General Kosciuszko, sobre los rusos en la batalla del mismo nombre que tuvo lugar a finales del siglo XVIII. Al igual que la que encontramos en el museo Borodino de Moscú, la pintura la complementan una serie de elementos que hacen sentir al visitante en primer plano de la batalla.
Volviendo para atrás sobre nuestros pasos y en dirección norte, discurre el río Oder, desde donde se divisan las islas de la Arena y de la Catedral en el barrio de Ostrow Tumski, el más antiguo de la ciudad. Tras los puentes sobre los canales, uno de ellos el lugar elegido por los enamorados del mundo para depositar sus candados, se accede a la catedral gótica de San Juan, reconstruida en su mayor parte tras la II Guerra Mundial y cuyas torres se ven casi desde cualquier parte de la ciudad.
Si la ciudad está animada durante el día, en cuanto anochece ya no queda ni un sitio libre en las terrazas, bares y restaurantes de la plaza del mercado y sus alrededores. En algunos, como el situado en un lateral del ayuntamiento, hay hasta cola para probar la cerveza que allí fabrican. Y esto antes de conocer que en 2016 sería, junto a San Sebastián, Capital Europea de la Cultura.
Auschwitz y Auschwitz II-Birkenau
¿Qué se puede decir sobre el mayor cementerio del mundo que no esté dicho ya? Quizá una cosa: aunque sepas la historia de memoria, hayas leído libros y visto infinidad de películas al respecto, en cuanto traspases el cartel de “Arbeit macht frei” de la puerta se te hará un nudo en la garganta y, con las extremidades agarrotadas, avanzarás entre los barracones que ahora llenan las imágenes, las maletas, los zapatos, los cabellos y las cenizas de aquellos enviados allí para morir de inanición, enfermedades o ser asesinados con el contenido de los botes (también expuestos) de Zyklon B en las cámaras de gas.
Mientras que los visitantes, entre ellos muchos grupos de adolescentes judíos, llenan cada barracón–museo, al llegar a la única cámara de gas que queda en pie todos sin excepción hacen el recorrido casi corriendo, con miedo hasta de mirar algo que no sea sus propios pies.
A 2 kilómetros se encuentra Auschwitz II – Birkenau, creado exclusivamente para el exterminio de sus ocupantes. En los andenes de las vías que aún se conservan, el doctor Mengele elegía quien iba morir directamente en las cámaras de gas o quién viviría un auténtico suplicio hasta su último aliento. Una visita imprescindible para no repetir.
Cracovia
Cracovia fue la capital de Polonia hasta 1596 y su casco histórico es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1978. Tiene el privilegio de no haber sufrido daños tras la II Guerra Mundial, por lo que lo que hoy contemplamos no ha sido fruto de ninguna reconstrucción sino la ciudad histórica tal y como siempre ha sido.
La visita a Cracovia empieza en la zona más alta, el Wawel o barrio del castillo. A los pies del Vístula y justo antes de empezar la subida se puede contemplar la estatua del dragón de Cracovia. En Wawel hay que visitar el patio del castillo y la catedral de San Wenceslao y San Estanislao, del siglo XI, que cuenta con capillas góticas, renacentistas y barrocas. A destacar las dos que flanquean la entrada. Saliendo de la catedral encontramos las estatuas de los dos héroes polacos por excelencia: el Papa Juan Pablo II y el General Kosciuszko.
Desde el castillo, primero por la calle Kanonicza y después por la Grodzka se encuentran las iglesias de San Pedro y San Pablo y Santa María Magdalena y un poco más adelante las de los Dominicos y de los Franciscanos. Finalmente, ya en la plaza del mercado, se alza la basílica de Santa María. Cada hora desde hace 600 años un trompetista toca la “Heynal” cuatro veces (una por cada lado de la torre), para conmemorar al que en el siglo XIII fue asesinado con una flecha en la garganta mientras daba la señal de alarma ante la invasión mongola. El interior de esta iglesia gótica del siglo XIV es visita imprescindible.
En el centro de la inmensa plaza de la ciudad vieja se encuentran el antiguo mercado de paños (hoy de productos turísticos), la iglesia de San Adalberto y la antigua torre del ayuntamiento. Aunque es recomendable recorrer todas las calles que salen de la plaza, el paseo más interesante es subir por la calle Jana hasta el final y girar luego a la derecha hasta la barbacana. Volviendo hacia la plaza por la calle Florianska, merece la pena desviarse unos metros para ver la plaza Ducha con el inmenso teatro. También es interesante acercarse a la Universidad Jaguellónica, fundada en 1364 por Casimiro III, para ver el patio del Collegium Maius.
Desde la plaza del mercado, cogiendo la calle Sienna y luego Starowislna se llega al barrio judío o Kazimierz. Mientras que en la calle Szeroka se concentran los restaurantes y locales hechos por y para el turismo, adentrándose un poco más en el barrio por las calles Miodowa, Jakuba y Jozefa y recorriendo las plazas Nowy y Wolnica es cuando realmente se ve el barrio en su más pura esencia.
Que Cracovia no sufriera grandes daños en la II Guerra Mundial no quiere decir, ni mucho menos, que esta ciudad quedara al margen de la contienda. Es en el barrio de Podgorze (al otro lado del río) en el que se hallaba el guetto, de cuyo muro pueden contemplarse los restos de las calles Lwowska y Limanowskiego. En la plaza del guetto podemos ver hoy una serie de sillas de metal fijadas al suelo que conmemoran a todos los judíos que allí esperaban para ser deportados a Auschwitz. Desde aquí, a unos 500 metros hacia el este se encuentra el lugar donde estaba la fábrica de Oskar Schindler, donde hoy día se pueden contemplar las fotos de aquellos a los que el empresario de las SS salvó. Un par de kilómetros más allá se ubicaba el campo de concentración de Plaszow.
Minas de sal de Wieliczka
A pocos kilómetros de Cracovia, se encuentra el pueblo de Wieliczka, famoso por sus minas de sal, que llevan explotándose desde el siglo XIII. Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, las minas tienen una profundidad de más de 300 metros y una longitud de 300 kilómetros, aunque la visita turística se limita a un recorrido de dos horas. En él se desciende hasta los 135 metros de profundidad (más de 600 escalones) y se recorren unos 2 kilómetros entre galerías, cámaras y el lago salado. A lo largo de ellas encontramos varias estatuas de personajes de todo tipo, desde el rey Casimiro hasta el enano cuya barba decide el futuro de las jóvenes casaderas. También hay una galería dedicada a su primer turista: Nicolás Copérnico.
Todo, absolutamente todo (salvo las vigas de madera que sujetan los pasadizos), está hecho de sal. Para los incrédulos, basta con tocar una pared y llevarse el dedo a la boca. Incluso los candelabros, las esculturas y el suelo de la capilla de Santa Kinga fueron excavados y construidos por los mineros en las rocas de sal.
En la actualidad, casi un millón de turistas visitan estas minas cada año, más los que acuden al sanatorio en busca de una mejoría de sus problemas respiratorios gracias al microclima existente en su interior.
Datos prácticos:
Idioma: polaco, aunque la mayoría, en especial los jóvenes, hablan inglés e incluso español.
Moneda: de momento el Zloty, aunque próximamente se incorporará al Euro.
Transportes: Polonia no es Francia ni Alemania en cuanto a transportes públicos e infraestructuras viarias pero van mejorando a pasos de gigante y las principales ciudades están conectadas por tren. Las carreteras dejan bastante que desear pero al al menos tienen más respeto por las normas y la seguridad vial que algunos de sus vecinos. Aún así, no se pueden calcular los tiempos como lo hacemos habitualmente: se puede tardar fácilmente tres horas en hacer los 150 kilómetros que separan Torun y Poznan.
Alojamientos: a mismas estrellas los hoteles son, en general, de inferior calidad que en España. Por eso, es aconsejable tirar de aquellos que pertenecen a grandes cadenas y que tienen que mantener unos mínimos de calidad.
Gastronomía: es rica y variada. La zurek es la sopa más típica y aunque al principio “choque” su mezcla explosiva de patata, huevo cocido, carne y especias está muy rica. Los pierogi, una pasta a medio camino entre una empanadilla española, un ravioli italiano y un dim sum asiático, son un placer para el paladar en todas sus versiones, desde carne hasta arándanos, y, junto al bigos (versión polaca del Sauerkraut alemán) y al Go??bki (hojas de col rellenas de arroz y con salsa de setas), son los platos típicos polacos. Además, destacan las riquísimas ensaladas y patatas en todas sus versiones que se sirven como guarnición en todos los platos. En cuanto a las bebidas el principal problema es el agua ya que es habitual que la sirvan templadita con una rodaja de limón y unas cuantas hojas verdes flotando en ella. Otra versión es la que venden embotellada como agua sin gas y que resulta ser, aunque resulte difícil de creer, agua con gas sin gas; es decir, el mismo sabor del agua con gas pero sin las burbujas. La cerveza es la mejor alternativa: la Zywiec y la Tydisc las sirven en cualquier cafetería y debido a su baja graduación se pueden consumir a cualquier hora.
Cómo llegar: las aerolíneas polacas, LOT, vuelan desde Madrid, Barcelona y Bilbao a Varsovia, Cracovia, Wroclaw, Poznan y Gdansk. Más económica es la opción de Ryanair a Cracovia o Poznan, aunque no hay salidas todos los días.
Guía recomendada: Lonely Planet o Total de Anaya. Además, en la oficina de turismo de Polonia en Madrid facilitan folletos con lo más destacado para visitar, mapas de las principales ciudades e incluso te enseñan algunas palabras para defenderse en polaco.
Página oficial de turismo de Polonia en España:
http://www.polonia.travel/es
Teléfono: (+34) 91 541 48 08
E-mail: info.es@polonia.travel









