Eaubonne
ARTE

Eaubonne

    En 1968 fueron descubiertas, detrás del papel pintado que las había ocultado durante años, las pinturas que Max Ernst hiciese coincidiendo espacial y temporalmente con el ménage à trois que formó junto al matrimonio de Gala y Paul Éluard. 

 


    Las paredes de la «casa de muñecas» (como la llamaba el poeta, quizás por alguna analogía con la trama del libro de Ibsen) o la, también llamada, Villa Éluard de Eaubonne (sita en los alrededores de París) seguirán siendo, aún estando expuestas, el secreto íntimo y quizás desvelado, de un fantástico y divertido, al principio, y dramático o desesperado, al final, ménage à trois entre Paul Éluard (1895-1952), Gala Éluard (1894-1982) y Max Ernst (1891-1976).


    El secreto de Gala, que aparece en la casa de Eaubonne, en la que la familia convivió entre 1922 y 1924 con Max Ernst, pintada a tamaño natural por Ernst, sobre una puerta, al lado de la cama del matrimonio, enrollada con una liana azul, con el torso desnudo y sosteniendo en la mano una araña blanca. El secreto de Éluard, que acabó desapareciendo y huyendo de sus propios celos, el veinticuatro de marzo de 1924, en un barco rumbo a Saigón. No obstante, una carta que se conserva con fecha de doce de mayo de ese mismo año, enviada a Eaubonne desde Papeete en Tahití, vislumbra la farsa que es su huida y el abandono a Gala:


        «Mi niña querida, espero que estés pronto por aquí. Me aburro. (...) Pero te consolará la forma en la que voy a amarte. (...) Eres la única preciosa. Eres mi único amor, jamás he amado a otra. No puedo amar a ninguna otra.(...) Sólo pienso en ti a cada minuto de tu ausencia.(...)».[1]

 

    Y el secreto de Ernst, que aterrorizó, sin saberlo, a la niña Cécile (nacida en 1918) con sus pinturas y sus sueños erotizados. Escenas que Ernst tituló como Les labyrinthes ne sont pas faits pour les chiens (Los laberintos no están hechos para perros), Conseils d'ami (Consejos del amigo), Autant rêver d'ouvrir les portes de la mer (Sueño de abrir las puertas del mar), Réveil officiel du serin (Despertar oficial del canario) o Les oiseaux ne peuvent disparaître (Las aves no pueden desaparecer)[2]. Escenas que ,a modo de friso, decoraban la habitación de Cécile Éluard, un friso de animales y escenas extrañas que recorría la habitación en la que dormía aterrorizada, como ella misma confesaba en una entrevista en la revista Blanco y Negro, aparecida el 20 de marzo de 1988 o en otra de 22 de octubre de 1984, que Blavier cita en su tesis:


        «Certains (fresques), Dans mon souvenir, m'avaint paru effrayantes. Par exemple, cette femme avec le ventre rose, ouvert, j'en avais un souvenir terrifiant (...)»[3]. 


    Estos recuerdos, encriptados por el desasosiego que le producían las pinturas como extensión de unas relaciones que no entendía siendo niña, la llevaron de nuevo, muchos años después, a Eaubonne y sus pinturas, que fueron descubiertas por Cécile en 1968 detrás del papel pintado que han ocultado y protegido estas obras durante años.

 

    En 1932, años después de que Gala abandonase a Éluard, éste vendió la casa de Eaubonne a los Moraines, que forraron algunas paredes con papel pintado para tapar las pinturas de Max Ernst. En 1972, la casa fue otra vez vendida, aunque tiempo antes, y gracias al empeño de Cécile Éluard, las pinturas habían empezado a transferirse a lienzos (las que quedaban), fue también, a partir de 1968, cuando se comenzaron las tareas de restauración. El proceso de recuperación de las pinturas ha llevado cuarenta y cinco años, años en los que Cécile Éluard ha tenido que lidiar con los propietarios del inmueble para poder llevar a cabo la recuperación de las obras, con restauradores y con herederos.


    Además de las escenas de la habitación de Cécile, la imaginación desbordada de Ernst inundó las paredes del baño con una fresa gigante, las puertas de la casa con extrañas premoniciones y la habitación del matrimonio con obras como Merveilles vous dansez sur les sources du ciel (Bailes maravillosos que haces sobre las fuentes del cielo), Histoire Naturelle, Cantique, Il n'y a plus de vraies hydrocyclettes (No hay mas verdaderas hidrocicletas) o Au premier mot limpide (A la primera palabra límpida). En el hall de entrada a la casa, un ángel volador, pintado en 1923, nos invita a entrar en la casa de la mano pero volando…


        «En el hall de entrada a la casa, un ángel volador, pintado en 1923, nos invita a entrar en la casa de la mano pero volando…».


    Estos eran los «tiempos surrealistas» de los juegos hipnóticos, que precedieron al automatismo psíquico. El juego de los sueños fecundos fue el primero de ellos, un juego propuesto por René Crevel, el amigo de Gala (cuyo suicidio predijo ésta sin margen de error). Un juego que fue continuado por Desnos y el grupo surrealista al completo, en el que las revelaciones e intrigas fueron una cantera inagotable de imágenes y recursos compositivos para los escritores y artistas implicados, juegos en los que Ernst estaba presente. Sin embargo, el sentido de la fascinación, el sentido de lo maravilloso, de la espontaneidad creativa que Ernst desplegó en las paredes de la Villa de Eaubonne, tiene más que ver con las primitivas pinturas en cuevas, con esa fascinación que Werner Herzog recoge en un documental de noventa y cinco minutos en torno a las pinturas de la Cuevas de Chauvet (Francia), La cueva de los sueños olvidados (2010).


     Cuando se trasladan a Eaubonne no hacía mucho que Ernst había llegado a Francia ilegalmente. Su introducción en el grupo surrealista fue lenta, las pinturas que cubren las paredes de la casa de Eaubonne son, por lo tanto, fieles aún al «espíritu ersnestiano» de la primera época, todavía virgen, ajeno a las concesiones estilísticas surrealistas. Ernst se apropia del espacio, que sin ser de su propiedad hace suyo en un intento de cambio de su aura, de satisfacer una trampa de ausencia siempre acechante en las relaciones de tres. Para Walter Benjamin, el aura también tiene que ver con la ausencia, así se lo pregunta:


        «¿Qué es el aura propiamente hablando? Una trama particular de espacio y tiempo: la aparición irrepetible de una lejanía por cercana que ésta pueda hallarse».[4]


        «Ernst se apropia del espacio, que sin ser de su propiedad hace suyo en un intento de cambio de su aura, de satisfacer una trampa de ausencia siempre acechante en las relaciones de tres».


    En los murales de la casa de Eaubonne, Gala aparece una y otra vez, incluso aparece en otras obras de Ernst de esta época, ejemplo de ello es la obra, hoy en paradero desconocido, La Belle Jardinière[5] (1923). Esta pintura fue comprada por Bretón, aunque fue vista por última vez en la exposición que los nazis organizaron para difamar a los artistas y/o las tendencias artísticas que ellos consideraban «degeneradas», una exposición que bautizaron como Entartete Kunst[6], inaugurada en Múnich en 1933 por el propio Hitler. Gala aparece en esta obra con los ojos cerrados, aparentemente complacida a pesar de que una paloma esté devorando sus entrañas.


    Después de la huida[7] (o pataleta) de Éluard y la posterior reconciliación del trío, que terminó definitivamente con el pacto de separación, casi obligado, para proteger la salud mental de Éluard; la vuelta del matrimonio a la casa de Eaubonne, con aquellas pinturas rodeándolos, volvió la convivencia un tanto difícil: las paredes habían sido testigo y eran ahora el testimonio de lo que fue.


    Ernst siguió su camino y junto a Leonora Carrington «volvió a transformar su cueva», es decir, la casa en la que vivían, desde donde se asomaban a un precioso valle cuya región se conoce como Saint-Martin d'Ardèche (Francia). La casa, con el tiempo llegó a ser un lugar fantástico, lleno de criaturas inventadas a las que ambos artistas le atribuían funciones mágicas, realizadas a escala casi humana y que poblaban los alrededores de la casa, las paredes y las habitaciones, en diálogo permanente con las obras de Carrington.


    Los trabajos de transformación de la casa de Saint-Martin d'Ardèche acabaron forzosamente cuando Leonora Carrington enloqueció por el arresto de Ernst acusado de espía alemán y su envío a un campo de trabajos forzados.


    No lejos de aquí, Pablo Picasso pintó la Guerre et la Paix[8] en las paredes de la bóveda de una capilla románica de Vallauris, y Jean Cocteau decoró la villa Santo Sospir con murales en las paredes de la casa propiedad de la rica Francine Weismeiller. En 1952, el propio Jean Cocteau rodó el documental La villa de Santo Sospir (situada en Sant Jean Cap-Ferat, en la Costa Azul), de treinta y seis minutos de duración, un acercamiento a la villa y sus pinturas, un documental para el que él escribió el guión e hizo de director y voz en off. Sin duda, el documental da algunas pistas.

 

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Pies de foto:


[Imagen principal] Pepa Mora (2013) Gala en el estudio de Dalí (Cadaqués).

 


Bibliografía:

 

1. ELUARD, Paul (1984). Cartas a Gala 1924-1948. Barcelona: Tusquets, 1999, p. 29.


2. BLAVIER, Beatrix (1985). Max Ernst: Murals for the home of Paul and Gala Eluard, Eaubonne, 1923. (Volumes I and II). Rice University. 


3. Trad.: «Ciertos frescos, en mi memoria, los recuerdo horrorosos. Por ejemplo, la mujer con vientre el rosa y abierto, era terrible». 


4. BENJAMIN, Walter (2010). La obra de arte en la era de la reproductibilidad técnica. Obras I, 2, p. 16. En: Atlas Walter Benjamin Constelaciones. AA.VV. ed. Madrid: Círculo de Bellas Artes.


5. Ernst, Max. La Belle Jardinière. Óleo sobre lienzo. 196 x 114 cm. Paradero desconocido.


6. Traducido como Arte Degenerado.


7. ELUARD, Paul (1984). Cartas a Gala 1924-1948. Barcelona: Tusquets, 1999.


8. Museo Picasso-La Guerre et la Paix. Vallauris (Francia). 

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Comentarios
[07 ene 2014 17:45] Miguel Ángel escribió:
No es sólo el tema del artículo lo que resulta interesante. Es la forma en que está escrito. Muy poético.
[12 ene 2014 10:59] Miguel escribió:
Una narración que te deja con ganas de que te cuenten más y más... Enhorabuena!
Pepa Mora
Artista y buscadora polivalente, suave con la vida y enfrentada con el mundo.
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