Madame Junio

Madame Junio

    Mi infancia son recuerdos de un patio con macetas, de un colegio religioso y una calle tranquila, nidal de voces infantiles. Mis veranos, una travesía entre olivos y aguas, azules y cristalinas, de mares dulces bajo un sol impío. Y en el hueco que separa mis pueriles realidades, junio se levanta como amapola roja, hinchada de furiosa pasión, abriéndose camino entre trigales de ceniza dorada.

 

    Llega el verano e imagino a Junio como una anciana señora, tejiendo las horas que nos regala, alargándolas con su rueca de cristal. El fino hilo de la vida, el hilo de la penas y alegrías, el hilo que sigue y sigue, y un buen día cortará. Pero aquí estamos hoy, una vuelta al sol más tarde, cerrando los cajones que guardan los sayos de mayo; dejando un ramillete de lavanda fresca entre la lana y la pana.

 

    Vestida con suaves gasas, Junio dice que puedo olvidarme ya del gris uniforme, de la falda de ásperas tablas de paño rozando la piel que dejan al descubierto estos inacabables calcetines. Comienza el festín de colores, flores estampadas y brazos bañados por el aire nuevo de la mañana.

 

    Vamos a un baile de fin de curso, vestidas como si ya no perteneciésemos a esta época, jugando con los anacronismos que se nos permite por nuestro lugar privilegiado en el último eslabón de la cadena. Danzamos entre rostros similares y sentimientos encontrados, entre la materialización del paso del tiempo y las jóvenes expectativas de un largo verano. La música nos recuerda (me recuerda) la leve frontera entre finales y comienzos, y las bombillas del patio anuncian extensas charlas en sillas de anea despidiendo un largo día.


         «Imagino a Junio como una anciana señora, tejiendo las horas que nos regala, alargándolas con su rueca de cristal».


    Ya no existen los horarios y no hay mas tarea que el inmaculado cuadernillo de verano en el que repaso, lentamente, la línea de puntos hasta formar una vocal perfecta. Hago cuentas con una bolsa de garbanzos; he calcado y recortado algunas pesetas en un papel cuadriculado para aprender (como dicen) a pagar bien; y en el trapo viejo y blanco, que ya sólo guardaba el polvo, estoy bordando una flor de tallo verde y pétalos ensangrentados, mientras canto canciones que emergen de un viejo aparato, mientras se calma el calor apasionado del estío.

 

    Me disfrazo, sueño, río y corro por estos campos infinitos, trepando sobre olivos viejos y pinos que jamás he conocido más altos. Y hasta me ducho al aire libre, sintiendo el viento africano sobre mi piel limpia, besando mis jóvenes párpados. Esperando a que la noche cubra este cielo azul perfecto con su negro manto, para buscar entre las estrellas otros mundos; para poder estar contigo en silencio hasta quedarnos dormidas, hasta soñar en tus brazos.


_______________


Pie de foto:


    [Imagen] Ángeles Díaz. 2015. Papoulas.

 

Volver al número actual
Comentarios
[02 jun 2015 19:18] Don Chencho Villa escribió:
Qué bien escribes joía!! Me encanta una vez más!!
[07 jun 2015 13:03] Luiki Alonso escribió:
¡Qué mágico era Junio cuando éramos niños!, qué montón de recuerdos y de esencias me has traído a la cabeza, he visto hasta la roña en mis rodillas, mi madre raspaba con la esponja hasta despellejármelas. Este mes has estado especialmente inspirada e inspiradora Madame Sara.
Nombre (*)
Email (*) (No será publicado)
Website