Necesitamos espejos

Necesitamos espejos

    Tercera entrega de la Iglesia de los horrores. Marzo anticipa el inicio de la primavera. La gente empieza a inquietarse al respirar las hormonas que las flores regalan al aire. Sólo os pedimos un poco de vuestro tiempo, después podéis salir a la calle y rendir homenaje a Baco (aunque todos sabemos como acabará eso).


    Bienvenidos de nuevo. La comunidad sigue aumentando. No ofrecemos misas negras en esta congregación de los horrores, aunque tampoco rezamos a Dios alguno por nuestra salvación. Tampoco excluimos a la gente que quiera hacerlo, que conste. Nuestro interés se basa más bien en el ser humano. No queremos que nos malinterpretéis, nuestra visión no es antropocéntrica. Hace tiempo que superamos esa cuestión. Por otra parte, si que nos gustaría encaminar nuestro contenido a conocer al ser humano (todos nosotros), sin discriminar a nadie, sin dejar de abarcarnos a todos. ¿Qué mejor para llegar a uno mismo que un espejo?


    El ser humano es capaz de cosas maravillosas y, por contra, también de todo lo que se puede imaginar en oposición a éstas. Estamos ahora en el mes de marzo, que como bien sabréis, en tiempos romanos estaba consagrado a Marte, Dios de la guerra. No os preocupéis, sé que no lleváis al día los votos hacía dicho Dios, pero tranquilos, ya hay gente y organismos que se encargan de honrarle, no solamente este mes, sino todo el resto del año. Por tanto, Marte debe estar satisfecho. Antes ofrecíamos el humo que ascendía de la quema de vísceras animales; alimento para los dioses. Hoy damos mucho más. La guerra se lleva por delante a inocentes, niños, mujeres… No nos gustaría pensar que esas muertes caen en saco roto, porque de ser así, a más de uno deberían escocernos los ojos al ver las noticias en la televisión.


    El día 22 de marzo, es el Día Mundial del Agua. Bendito líquido. Dicen que no sabe a nada, pero qué bien sienta un vaso de agua fresca. Qué sería de nosotros sin este preciado elemento. Os pediría un favor, bastante simple la verdad, y es que penséis en la gente que carece de este recurso la próxima vez que sostengáis una botella de agua o abráis un grifo en vuestra casa. Ya es grave pensar que hay seres humanos que mueren de hambre, que necesitan un hogar, una educación, sanidad, pero hacernos a la idea de que a día de hoy, todavía hay gente que no tiene agua potable, no se me ocurre nada peor, sinceramente. Como bien dijo alguien, «en el desierto, un vaso de agua vale más que un puñado de diamantes» o, «cuando te invade la sed de verdad, aprendes que se puede echar de menos al agua con mayor intensidad que a una mujer».


    Pero marzo es un mes muy especial. El día 21 da comienzo la estación primaveral (en el hemisferio sur marca el comienzo del otoño). La primavera es símbolo de juventud, fertilidad y nacimiento. No todo va a ser malo pues. No todo van a ser guerras. El ser humano tiene un potencial enorme para generar y crear cosas maravillosas. Hace un rato estaba molesto, por todo el tema de la escasez del agua (uno se pone a buscar información en la red y se puede volver loco). Para calmarme se me ocurrió mirar La primavera de Botticelli (en un libro, no es que pudiese tener dicho cuadro en mi casa), y sólo se me ocurrían adjetivos positivos para describir la sensación que me trasmitía esa obra. Os animo a hacer lo mismo.

 

    ¿Me habéis hecho caso? Bonito el cuadro, ¿verdad? Es más que bonito. El arte tiene el poder de la expresión y del reconocimiento personal. Cuando miramos una obra, no nos damos cuenta de que estamos fijando la vista en nosotros mismos. Como bien decía Stanislav Lem en Solaris: «No queremos conquistar el cosmos, sólo queremos extender la Tierra hasta los límites del cosmos. Para nosotros, tal planeta es árido como el Sahara, tal otro glacial como el Polo Norte, un tercero lujurioso como la Amazonia. Somos humanitarios y caballerosos, no queremos someter a otras razas, queremos simplemente transmitirles nuestros valores y apoderarnos en cambio de un patrimonio ajeno. Nos consideramos los caballeros del Santo Contacto. Es otra mentira. No tenemos necesidad de otros mundos. Lo que necesitamos son espejos» (2008, 87-88).


    Dicho eso, ¿qué mas se puede añadir? Es cierto que las obras de arte funcionan como espejos. No se trata sólo de lo que Botticelli quiso decirnos a través de ese cuadro. Se trata de lo que nosotros somos capaces de entender cuando lo contemplamos. A todo esto, Sandro Botticelli llegó al mundo un día como hoy, 1 de marzo, en Florencia. No es casualidad, por lo tanto, que hablemos de él ni de una de sus más emblemáticas obras.


    Me vais a permitir, antes de acabar, centrar mi atención en otra figura importantísima del mundo de la cultura, que también cumpliría años este mes. Chema Peral ha querido homenajearlo realizando la ilustración para este artículo. Akira Kurosawa nace el 23 de marzo de 1910. Para muchos, el cineasta más importante de todos los tiempos. Quizás, dicha afirmación carezca de sentido, no por méritos propios, pero sí porque dejaría de lado a otros importantísimos personajes de la talla de Bergman, Kubrick, Wilder, etc. No vamos a perder el tiempo destacando a uno por encima del otro. La cuestión es que Kurosawa supo definir un estilo de cine que acercó el mundo japonés a Occidente. Hablábamos de que el arte incide en nosotros como el reflejo de un espejo. Este fenómeno podemos apreciarlo en el cine del director japonés. Da igual que nos enfrentemos a una situación enraizada en el Japón más rural, donde agricultores, samurais y señores feudales nos hablan del honor. En las películas de Kurosawa, podemos aprender de su cultura, pero también podemos acercarnos más a la nuestra. Podemos situar a cada uno de nuestros amigos en el papel de un personaje. El más descarado, el tímido y servicial, el que se ofrece para cualquier asunto. Todos aparecen en el film, pues la realidad es que el cineasta nipón tenía el principal interés de hablar del ser humano, ni más ni menos. Cine social y al fin y al cabo costumbrista. Al igual que Berlanga nos muestra una España que no conocimos (los más jóvenes), Kurosawa nos habla de un Japón que existió realmente.


    Os animo, como siempre, a que prestéis un poco de atención a los contenidos que os ofrecemos en la página. No dudéis en comentar lo que creáis oportuno, así como en compartir a través de las distintas redes sociales los artículos que os parezcan interesantes. Espero que la próxima vez que miréis un cuadro, que escuchéis una canción, que leáis una poesía, seáis capaces de ver lo que hay de vosotros en esas obras. Pues todos construimos el mundo juntos, para bien o para mal.


_______________

 


Pies de foto:


[Imagen principal] Chema Peral (2014) Maestro.

 


Bibliografía:


STANISLAV. L. (2008) Solaris. Barcelona: Clásicos Minotauro.

Volver al número actual
Comentarios
[01 mar 2014 15:46] Don Chencho Villa escribió:
Genial Miguel, como siempre. No podrías haber hecho una descripción de lo que es el arte más cercana a la que hubiera hecho yo. Como dije en uno de mis artículos, el arte es la máxima expresión del ser humano y con casi total seguridad el vehículo para culminar nuestro proyecto vital, que no es otro que la felicidad.
[01 mar 2014 17:42] Miguel Dávila escribió:
Genial la cita de Lem en Solaris.
Y gran editorial, por cierto, para disfrutar en esta tarde tan poco primaveral. Esperaremos al 21 de marzo (o de junio, quién sabe).
[01 mar 2014 18:07] Miguel Ángel escribió:
Gracias a los dos.
Nombre (*)
Email (*) (No será publicado)
Website