Siguiendo el rastro de 'El Polvo de Gallina Negra'
ARTE

Siguiendo el rastro de 'El Polvo de Gallina Negra'

    Conocer el porqué y el dónde de la rebelión escénica que supuso la aparición de la Performance. Analizar el significado público y político del cuerpo y los objetivos fundamentales de los grupos que, a partir de Mayo de 1968, comenzaron a manifestar su descontento con la situación femenina en el ámbito social, político y laboral, por medio del trabajo filosófico, estético y feminista de las artistas mexicanas Mónica Mayer y Maris Bustamante.

 


    En el arte, las fronteras entre lo público y lo privado cuentan con un mínimo límite separacional entre lo que se considera cotidiano y lo aceptado como virtuoso. Así mismo, si lo que tenemos entre manos es arte femenino, por mucho que trabajemos para evitarlo, nos encontramos con que, el centro de todas las miradas son las femineidades que en él se desarrollan y defienden.Por tanto, no es de extrañar que la mujer artista haya contado con uno de sus rasgos diferenciadores, el cuerpo, como medio de conexión profunda con el aspecto lúdico y gozoso del arte y de las características performativas del mismo.


    En el año 2008, la multimillonaria de 27 años, Paris Hilton, se dirigía así a la política del Tea Party, Sarah Palin, de 44 años: «Tienes un cuerpo potente, no te lo guardes para ti misma»[1].


    Esta alusión al cuerpo como objeto de exhibición, condensa de manera completa todas y cada una de las representaciones que con él se hagan, incluyendo las que mezclan, como a continuación veremos: el sensacionalismo, los ámbitos de poder, la política y el show business.

 


 


    De hecho, podríamos incluso considerar que, el cuerpo y el uso que de él se hace, no es sino una manera de transformarlo en un producto más de seducción. Para ello es imprescindible la transformación en un signo reconocido sobre el que se asiente la cultura: 


            «En cuanto que tiene un sentido, el consumo es una actividad de manipulación sistemática de signos. (...) Para volverse objeto de consumo es preciso que el objeto se vuelva signo, es decir, exterior, de alguna manera, a una relación que no hace falta mas que significar (Baudrillard, 2004: 224)».


    Nos encontramos ya inmersos, por decisión propia, en una sociedad del espectáculo en todo su esplendor —término acuñado por Debord para criticar duramente un sistema social, que pasa de la explotación del tiempo de trabajo a la explotación del tiempo libre u ocio, como ahora sucede, parafraseando al autor, todo lo directamente experimentado se ha convertido en una representación—. De lo que se trata es de mantener el juego del deseo como detonador de la búsqueda, a pesar de ser cierta aporía.


        «De lo que se trata es de mantener el juego del deseo como detonador de la búsqueda, a pesar de ser cierta aporía».


    Pero es posible que nos acerquemos a la consumación de dicha aporía insertando el cuerpo en todo este circo mediático, para disfrute propio y ajeno, personal y comunitariamente.


    Una de las maneras de acercarnos al cuerpo como performance es usando la definición obtenida de la mixtura de los conceptos acuñados por Schechner: basado en la antropología de Austin, sobre los actos del habla, y el de Judith Butler, sobre el análisis y la decostrucción de la categoría del género desde la perspectiva de los estudios feministas.


    Este compendio nos permite ir algo más allá del origen escénico donde surgió el concepto.


    El cuerpo como performance se podría considerar el leitmotiv de la sociedad del espectáculo, dentro de la tiranía foucaultinana.


    Dentro de la cultura performativa, el cuerpo es una metáfora llena de conflictos de representación. Esta idea está fundamentada en que, desde hace siglos, el cuerpo ha sido investido por un simbolismo místico dentro de los rituales de iniciación en las ceremonias religiosas o festivas, dentro de los rituales de paso: como el estacional, la cosecha, la lluvia, la fertilidad o la muerte.


        «Desde hace siglos, el cuerpo ha sido investido por un simbolismo místico dentro de los rituales de iniciación en las ceremonias religiosas o festivas».


    Los procesos de creación de la performance, los encontramos en las artes escénicas como la danza, relacionada con los rituales femeninos de la antigüedad que fomentaban la fertilidad y el erotismo. 

 

 

 


    Por todo ello, la performance femenina ha colaborado en la autoafirmación y aceptación del cuerpo femenino; así como el tratamiento del mismo como vehículo de cambio en las políticas de salud, reproductivas, sociales, educativas y laborales de la mujer, ampliando el rol de la mujer en la sociedad y la escalada en la jerarquía social .


    Las artistas de la performance mantienen su trabajo como método de lucha entre el discurso tradicional reflejado en los valores de antaño y los nuevos principios basados en la seducción, lo lúdico y la decostrucción del género para fomentar su condición de reversible.


        «Las artistas de la performance mantienen su trabajo como método de lucha entre el discurso tradicional reflejado en los valores de antaño y los nuevos principios basados en la seducción, lo lúdico y la decostrucción del género para fomentar su condición de reversible».


    A la sombra del movimiento europeo de Mayo del 68, un grupo de artistas hispanoamericanas, pretendiendo que no se olvidara el poco tiempo pasado desde la obtención del voto femenino, comenzaron a poner en práctica acciones performativas que, aunque aún no habían alcanzado el nivel y la definición actual del acto, sí podrían considerarse protoperformances, permitiendo la experiencia del momento.


    El movimiento de arte feminista y su formación como grupo, supuso lo que actualmente se puede considerar el nuevo feminismo, en este caso mexicano, pues fue el primer país que recibió junto a la francesa, la influencia del Black Power en Estados Unidos.[2]


    Pero si hubo algún nombre verdaderamente representativo e imprescindible en el arte de la performance hispanoamericana y el grupo que a raíz de este movimiento se fundaría bajo el nombre de Polvo de Gallina Negra, fueron los de Mónica Mayer y Maris Bustamante.


    El lema utilizado en Polvo de Gallina Negra era  «lo personal es político», siendo la primera exposición que organizaron la titulada Collage íntimo, en 1977, obra directamente relacionada con la sexualidad femenina. Esta intervención le permitió a Mónica Mayer entablar relación con el Feminist Studio Workshop en Los Ángeles, California, donde no sólo se trabajaba en pequeños y enriquecedores grupos, sino que se buscaba un alto desarrollo de la creatividad; así como la concienciación de lo importante que habían sido y aún eran las mujeres artistas de tiempos pasados.


    Ya de vuelta a México, en 1982, Mónica Mayer comenzó a ser vehículo transmisor de lo que había aprendido en Los Ángeles, impartiendo cursos y conferencias hasta el día de hoy.[3]

 

 

 


    En relación a Maris Bustamante, aprovechar la ocasión para dar el reconocimiento que merece a su performance ¡Caliente Caliente!, en 1982, donde planteaba los postulados psicoanalíticos de Freud en su teoría de la femineidad sobre la envidia del pene.[4]


    Ya uniendo fuerzas, el Polvo de Gallina Negra comenzó su andadura en 1983 y durante diez años se mantuvo como movimiento de vanguardia artística, política y estética en México e Hispanoamérica.


        «El Polvo de Gallina Negra comenzó su andadura en 1983 y durante diez años se mantuvo como movimiento de vanguardia artística».


    De hecho, el primer acto de arte reivindicativo que llevaron a puerto fue durante la marcha en contra de la violación el 7 de octubre de 1983 en el Hemiciclo de Juárez, con título El respeto al derecho al cuerpo ajeno es la paz.


    Pero más allá de todo esto, por lo que también se debe considerar al Polvo de Gallina Negra como pionero e hito histórico, es porque supieron ir más allá y consiguieron realizar acciones exclusivas para los medios de comunicación, como la llevada a cabo en el programa hipervisualizado Nuesto mundo; donde salieron desnudas cubriendo su cuerpo con un mandil sobre falsas y enormes panzas.


    Porque si algo permite el performance como género artístico es posibilitar, en este caso que nos atañe a las mujeres artistas, una capacidad y libertad de expresión más allá de ataduras conductuales y reglas de comportamiento social y patriarcalmente establecidas. El Arte de la Performance es Sujeto y Objeto artístico que confluyen de manera simultánea como el Arte y la Vida. Por eso no es raro encontrar en la propia vida de las activistas artistas, elementos vivenciales que permitan que lo acontecido en un espacio privado sea bien recibido y enriquecedor para el espacio público.


    El trabajo de las mujeres en este campo, el performativo, permitió y mantiene ese poder, transgredir los tabúes culturales, sociales, políticos, sexuales, laborales, etc., y consiguió una resignificación de elementos culturales básicos como el erotismo, el patriarcado o el goce. Porque se trata de un arte contextual, que va cambiando de forma y contenido, adaptándose a los diferentes espacios sociales y devenires políticos, todo ello, gracias a que nunca se renuncia a dar voz a la expresión femenina.

 

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Pies de foto:

 

[Imagen principal] Maris Bustamante, Mónica Mayer y Herminia Dosal. (1983) Hemiciclo a Juárez. Marcha contra la violencia hacia las mujeres. México. Se puede leer la «receta» completa en el siguiente link:  http://ideasfem.wordpress.com/textos/i/i23/


[Segunda imagen] Ewa Partum (1980) Selfidentification. Photo-montage. Warsaw. From a series of 8.


[Tercera imagen] Weeks & Whitford (UK) (2012) Wearing the Horns Series. Venecia.


[Cuarta imagen] Monica P. Mayer (1978) Quiero hacer el amor, “Lo Normal”. Ciudad de México.

 


Bibliografía:

 

[1] http://elpais.com. Edición del 10 de octubre de 2008.

 

[2] BARTRA, E. (2000) «Tres décadas de neofeminismo en México», en Feminismos en México ayer y hoy, UAM. Mexico: Colección Molinos de Viento.


[3] Mayer, M. Del boom al bang: género y performance en México (1970-2000), conferencia impartida en el Instituto Anglo Mexicano de Cultura, el 8 de marzo de 2001.

 

[4] BARBOSA, Araceli, «El discurso de genero en las artes visuales, una nueva expresión de la cultura femenina», Triple Jornada nº31, 5 de marzo de 2001.

BAUDRILLARD, J. (2004). El sistema de los objetos. México: Siglo XXI.

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Comentarios
[07 ene 2014 17:29] Miguel Ángel escribió:
Simplemente genial!
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Elvira Ramos
Creadora, humanista y nada teórica. Enamorada de Antonin Artaud y de Alejandra Pizarnik. Escribe mentiras para hacerlas realidad, o eso dice.
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