Acercamiento al Islam (II)
CULTURA

Acercamiento al Islam (II)

    En la primera entrega de esta serie vimos la vida del Profeta Mahoma, figura clave en el Islam. En esta segunda entrega hablaré de las leyendas y prejuicios en torno al Islam tras haber leído las fuentes fundadoras y en segundo lugar, de la influencia de la Biblia en el Corán.


El Islam a través del Corán:

 

    El Corán (en árabe Al-Quram, que significa «recitación»), es el libro santo para los musulmanes, equivalente a la Biblia para los cristianos y los judíos. ¿Es necesario conocer este libro si no somos musulmanes?

 

    El científico Richard Dawkins , autor de una obra ensayística que defiende la cosmovisión atea (El espejismo de Dios, en inglés, The God Desilusion), ha afirmado recientemente que se puede despreciar al Islam sin haber leído el Corán, de igual manera que se puede despreciar el nazismo sin leer el Mein Kampf. Esta visión me parece muy sesgada: lógicamente, se puede ser ateo y/o anti-islámico sin haber leído un solo verso del Corán (o cualquier otro texto sagrado), pero si deseas criticar los fundamentos del Islam, ya sea desde una perspectiva creyente, atea o agnóstica, necesariamente hay que leerlo.

 

    ¿Por qué afirmo esto? Leí por primera vez el Corán a los diecisiete años (la Biblia la leí más atrás en el tiempo). En esas lecturas del Corán tomé diversas notas: curiosidades, supuestas incoherencias internas, etc. Comenté estos apuntes con creyentes musulmanes, así como consulté foros islámicos para contrastar mis lecturas.

 

    La conclusión a la que llegué, es que los mass media tienen una visión del Islam distorsionada, aunque apunta a dos direcciones opuestas:

 

    La visión benévola: se trata de una visión idílica del Islam, pacífica y tolerante, así como feminista e incluso cercana al anti-capitalismo. Suele venir por parte de medios relacionados con la izquierda. El caso más reciente que recuerdo es el del programa Salvados de Jordi Évole sobre la islamofobia, donde apareció una musulmana afirmando que el Corán no autoriza al marido a golpear a la mujer, algo que no es cierto (lo explicaré más adelante).

 

    La visión malévola: al contrario que la anterior, se presenta al Islam como la semilla del mal en la tierra. Suele venir por parte de medios de ultra-derecha. Sus ideólogos, algunos de ellos supuestas víctimas del mundo islámico refugiados en Occidente, emplean elementos contra el Islam que en ningún momento aparecen reflejados en el Corán o en los hadices. Ej: el burka, la ablación del clítoris, el terrorismo, etc.

 

Breve Historia del Corán:

 

    Según el Islam, el Corán es la palabra revelada por Dios a Mahoma. La tradición afirma que el Profeta era analfabeto, por lo que dictaba el mensaje de sus revelaciones a sus discípulos. Estos memorizaban aquellos mensajes y los transmitían de forma oral, a semejanza de los judíos o los cristianos primitivos. En ocasiones escribían lo que se les dictaba en hojas de palmera, trozos de cuero, huesos, etc. Al ser un material tan fragmentario, parte de estas revelaciones se ha perdido con el tiempo. El propio Mahoma reconoce (según algunos hadices) haber olvidado ciertos versículos del Corán.


        «Para el musulmán, no existe nada literario superior al Corán, y desde sus versículos se anima a presentar alguna obra que pueda asemejarse a él». 


    La redacción coránica que se emplea hoy en día surge dieciocho años después de la muerte del profeta Mahoma (632), bajo el califato de Utman ibn Affan, tercer sucesor del profeta (644-656), concretamente entre los años 650 y 656. El Califa Utman pretendió reunir las distintas revelaciones del profeta en un solo volumen que sería de uso general en todo el mundo islámico.

 

    Esto no debe sorprendernos si tenemos en cuenta que la Torah, tal como la conocemos, no fue escrita por Moisés, sino que su forma actual se desarrolló en el siglo VII a.C., bajo el reinado del rey Josías. Los evangelios también son de redacción muy posterior a la muerte de Jesús (finales del siglo I y principios del siglo II d. C.).

 

    La recopilación y redacción del Corán tuvo lugar en Medina por parte de Zaid ibn Tabit, además de tres destacados mequíes que le sirvieron de ayuda. Los fragmentos escritos que se conservaban del Corán eran muy breves, aunque numerosos. Parte de ellos se introdujeron en capítulos más extensos que se conservaban a través de la tradición oral.

 

    Es cierto que a menudo no se esforzaron en evitar irregularidades y discontinuidades, pero el hilo conductor de los capítulos no es en absoluto arbitrario. Tras finalizar la redacción y mostrarlo a un comité islámico, se aceptó que aquella obra contenía las revelaciones esenciales del Profeta Mahoma.

 

    El Califa Utman llevó a cada lugar del imperio islámico una copia de esta obra, ordenando que se quemaran las versiones anteriores a ésta. Sin embargo, esta orden no se cumplió del todo, ya que algunas de estas versiones se conservaron, aunque de forma fragmentaria. Los teólogos islámicos citaban (y citan) pasajes de estas otras versiones en sus obras. Como ejemplo, cabe mencionar la obra de at-Tabari o al-Baidawi, que hablan de las pequeñas variantes en las diversas versiones coránicas en el siglo X. No obstante, las diferencias entre aquellas versiones y el Corán de Utman no son muy significativas.

 

    Sí hubo críticas de por parte de los musulmanes shiíes a causa de la omisión de materiales sobre Alí y del resto de la familia de Mahoma. No obstante, estas críticas tienen un carácter más sectario que racional, lo cual no impide que los shiíes, al igual que los suníes, usan el Corán utmaní.

 

Composición del Corán:

 

    El Corán está compuesto por 114 capítulos (en árabe se denominan azoras o suras) y cada capítulo, al igual que la Biblia, está formado por varios versículos (en árabe se llaman ayas o aleyas). Los capítulos no están ordenados de forma cronológica, sino por su extensión: a excepción del primer capítulo, que ocupa unas líneas, los más largos están situados al principio, mientras que los más cortos se encuentran al final. Lo mismo ocurre con el orden con que se colocan las epístolas de San Pablo en el Nuevo Testamento.

 

    Cada capítulo, a excepción de uno, comienza con la siguiente fórmula: «Bismillah ir-Rahman ir-Rahim», que significa «En el nombre de Dios, el más Misericordioso, el Compasivo».


        «El Corán fue una de las primeras obras escritas en redactarse en árabe».


    Para el musulmán, no existe nada literario superior al Corán, y desde sus versículos se anima a presentar alguna obra que pueda asemejarse a él. Autores como Al-Baqillani han escrito obras consagradas para destacar la inimitabilidad del Corán. No obstante, no todos los musulmanes pensaban del mismo modo, entre ellos Ibn al-Rawandi (859), al-Hallach (922) o Abu-l-Alá-Al-Marri (1058), a quien se le atribuye haber creado una imitación del Corán. Se dice que cuando sus adversarios le señalaban defectos de su imitación, Al-Marri respondía «Dejad que lo lean durante cuatro siglos en los púlpitos de las mezquitas y después decidme si hace efecto».

 

    También Al-Mutanabbí (965), cuyo nombre significa «el que se las da de Profeta», quiso escribir su imitación del Corán, defendiendo su obra de forma armada, aunque cayó prisionero bajo las autoridades ortodoxas.

 

Lengua del Corán:

 

    El Corán está escrito en lengua árabe, considerada la lengua de Dios. Los musulmanes piensan que el Corán debe leerse en este idioma, mientras que las diversas traducciones son tan sólo aproximaciones al auténtico.

 

    Lo cierto es que el Corán fue una de las primeras obras escritas en redactarse en árabe. Algunas de sus palabras se consideran hoy en día como arcaísmos y a raíz de esta obra ha tenido lugar diversos estudios lingüísticos que han propiciado la aparición del llamado árabe clásico.

 

    Hay que señalar que el lenguaje del Corán no es árabe puro, ya que tiene influencias extranjeras (incluso del griego) que ya formaban parte del árabe preislámico. El árabe del Corán es muy poético, con gran musicalidad. En los cultos musulmanes, al contrario que en los cristianos o en los judíos, no se emplea ningún tipo de música, porque les basta recitar esos pasajes en árabe.

 

Algunas cuestiones sobre el Corán:

 

    Mujer: El Islam surge en una sociedad patriarcal, por tanto, no es de sorprender que la mujer ocupe un plano inferior al varón. Esta situación no es muy diferente a la fe judía o cristiana. Sin embargo, esto no es un impedimento para que el Corán reconozca el derecho a herencia de la mujer o su lugar en el Paraíso.

 

    La poligamia está aceptada, aunque en una limitación de cuatro esposas, así como un número indeterminado de concubinas. No obstante, la poligamia está permitida si el esposo puede mantenerlas y si la primera esposa lo consiente. En la Biblia también existen casos de personajes polígamos: Jacob (Lea y Raquel), David (Mical, Abigail, Betsabé, etc) o Salomón (que llegó a tener 700 esposas y 300 concubinas).

 

    Con respecto al velo (en árabe, hiyab), el Islam adoptó una costumbre preislámica, propia de Oriente Medio. En el Nuevo Testamento, San Pablo ordena que la mujer debe cubrirse el cabello (1a de Corintios, 11: 5-8). El hiyab sólo oculta el pelo, al contrario que el burka, que la cubre totalmente. El niqab o el chador son prendas que surgen mucho después de la aparición del Islam, mientras que el burka tiene un origen preislámico y antes de convertirse en un símbolo de opresión contra la mujer, era empleado tanto por ellas como por varones para protegerse de los ardientes vientos del desierto. No debe relacionarse estas prendas con el mensaje original del Islam.


 

    Así mismo, en ninguna parte del Corán o de los hadices se hace alusión a la ablación del clítoris. Esta práctica inhumana tiene un origen desconocido, aunque se practicaba en África y Oriente Medio en una etapa preislámica. Hoy en día no la practican exclusivamente los musulmanes que habitan estas zonas (los que viven en otras regiones la ignoran por completo), sino también los que son cristianos y animistas (algo ignorado por los mass media).

 

    Como mencioné al principio del artículo, haré alusión a la parte donde se dice que el varón puede golpear a su mujer si ésta se comporta de forma incorrecta: «Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres en virtud de la preferencia que Allah ha dado a unos más que a otros y de los bienes que gastan. Las mujeres virtuosas son devotas y cuidan, en ausencia de sus maridos, de lo que Allah manda que cuiden. ¡Amonestad a aquellas de quienes temáis que se rebelen, dejadlas solas en el lecho, pegadles! Si os obedecen, no os metáis con ellas. Allah es excelso, grande». (Corán, 4: 34).


    Este pasaje es reinterpretado por algunos musulmanes. La palabra árabe que se emplea para decir «pegar» es «daraba». El problema se debe a que el árabe (al igual que el hebreo) no posee vocales y las letras «d-r-b» pueden traducirse por «llamarles la atención» o «tocar una campana», según el contexto. Sin embargo, de ser cierto, no me explico por qué todas las traducciones coránicas llevadas a cabo por musulmanes lo traducen por «pegar».

 

    Así mismo, en el Sajij al-Bujari se dice que Mahoma golpeó a su esposa Aisha por los problemas de celos que ocasionaba: «Entonces alzó la voz y golpeó a Aisha en la cara de manera que el enviado de Allah miró a Aisha para ver si ésta respondía». (Sajij al-Bujari, 3:455-456; 47.8.755).


    Finalmente, cabe añadir que en el Corán, el testimonio de una mujer equivale a la mitad del de un hombre, así que para sostener un argumento ante un tribunal se necesitan dos hombres o un hombre y dos mujeres: «Llamad, para que sirvan de testigos, a dos de vuestros hombres; si no los hay, elegid a un hombre y a dos mujeres de entre quienes os plazcan como testigos, de tal modo que si una yerra, la otra subsane su error». (Corán, 2: 282).

 

    Yihad: Personalmente pienso que la yihad es uno de los conceptos más admirables y nobles del Corán. Aunque se traduce comúnmente como «guerra santa», es del todo incorrecto. El término «guerra santa» es cristiano (por la época de las cruzadas), no islámico. «Yihad», viene del verbo árabe «yahada», que literalmente significa «esfuerzo».

 

    ¿Qué tiene que ver este concepto con el terrorismo de organizaciones como Al Qaeda o el ISIS? Nada, salvo citar el nombre de Allah y Mahoma en sus acciones. Existen pasajes que han sido manipulados para satanizar al Islam. Por ejemplo, el siguiente fragmento, extraído literalmente de una página de ultraderecha:


 

    Aparte de citar erróneamente los versículos, omite malintencionadamente el contexto del fragmento (véase los puntos suspensivos). Para empezar, debemos tener en cuenta que el capítulo 2 del Corán fue escrito en el período mediní, es decir, cuando Mahoma vivía en Medina y mantuvo conflictos armados con los árabes mequíes politeístas. A continuación, dejo el fragmento entero: «Combatid por Allah contra quienes combaten contra vosotros, pero no os excedáis. Allah no ama a los que se exceden. Matadles donde deis con ellos, y expulsadles de donde os hayan expulsado. Tentar es más grave que matar. No combatáis contra ellos junto a la Mezquita Sagrada, a no ser que os ataquen allí. Así que, si combaten contra vosotros, matadles: ésa es la retribución de los infieles. Pero, si cesan, Allah es indulgente, misericordioso. Combatid contra ellos hasta que dejen de induciros a apostatar y se rinda culto a Allah. Si cesan, no haya más hostilidades que contra los impíos».(Corán, 2: 190-193).


    Este pasaje concibe el perdón de los enemigos y como comenté en el capítulo anterior, Mahoma amnistió a la población de La Meca y perdonó a sus antiguos enemigos.

 

    Por otro lado, en los hadices podemos leer: «Marchad hacia adelante en el Nombre de Dios, con la ayuda de Dios y las bendiciones de su Profeta. No matéis a los viejos decrépitos, ni a los niños, ni a los muchachos, ni a las mujeres. No seáis exagerados y tomad cuidado con vuestro botín. Actuad rectamente y haced el bien, porque Dios ama a los que lo hacen».

 

    Por lo tanto, no podemos legitimar el terrorismo denominado yihadista basándonos en el Corán o los hadices.

 

    Huríes: otro mito repetido es que el Corán promete 72 vírgenes a los que se auto-inmolen en nombre del Islam. Nada de esto es cierto.

 

    En el Corán no existe ningún pasaje específico sobre el suicidio, pero los comentaristas musulmanes afirman que esta acción es pecado (al igual que en el judaísmo y en el cristianismo). El martirio del que se habla en el Corán no se refiere al suicidio, sino al mismo que aparece reflejado en la Biblia: morir por otros a causa de Dios. Un ejemplo de ello sería Esteban, primer mártir del cristianismo.

 

    Con respecto a las 72 vírgenes, en el Corán no se afirma que sean 72, ni que sean exclusivamente mujeres. La palabra con las que se les califica es huríes, para las mujeres, mientras que su equivalente masculino recibe el nombre deGhulam (en plural, ghilam).

 

    El Corán afirma que estos seres ofrecen distintos tipos de placeres sensuales a los creyentes (sean o no mártires), afirmando que las huríes serán tomadas como esposas: «Quienes temieron a Allah, en cambio, estarán en jardines y delicia, disfrutando de lo que su Señor les dé. Su Señor les habrá preservado del castigo del fuego de la gehena. ¡Comed y bebed en paz! ¡Por lo que habéis hecho! Reclinados en lechos alineados. Y les daremos por esposas a huríes de grandes ojos». (Corán, 52: 17-20).


    «Los que teman a Allah estarán, en cambio, en lugar seguro, entre jardines y fuentes, vestidos de satén y de brocado, unos enfrente de otros. Así será. Y les daremos por esposas a huríes de grandes ojos»- (Corán, 44: 51-54).

 

    Sobre los ghilam se dice lo siguiente: «Para servirles, circularán a su alrededor muchachos (ghilam) como perlas oscuras». (Corán, 52: 24).


        «Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres en virtud de la preferencia que Allah ha dado a unos más que a otros». 


    La idea de las 72 vírgenes viene de un hadiz, aunque está considerado como falso o, en el mejor de los casos, mal traducido: «(...) oyó a Mahoma diciendo: “la recompensa más pequeña para la gente del Cielo es la morada donde hay ochenta mil sirvientes y setenta y dos huríes”». (Jami at-Tirmidh).

 

    Cabe apuntar que, si bien en muchos lugares del mundo islámico se interpretan estos pasajes de forma literal, algunos comentaristas señalan que las huríes no son más que un símbolo alegórico de la bienaventuranza del creyente.

 

La Biblia en el Corán:

 

    En el siguiente artículo hablaré de la influencia bíblica en el Corán. Como mencioné en el primer capítulo de esta serie dedicada al Islam, Mahoma se presentó como un profeta continuador de la labor de los profetas bíblicos. Por ello, las referencias a estos personajes son muy frecuentes.

 

    No cabe duda de que Mahoma buscaba atraer con sus predicaciones a un público tanto judío como cristiano, aunque en general fue en vano. La mayor parte de los judíos, como señalé en otro capítulo, no podían aceptarle como profeta debido a su desconocimiento de sus Escrituras Sagradas. Los relatos coránicos sobre personajes bíblicos presentan numerosas licencias literarias y contradicciones.

 

    ¿Se tratan de licencias conscientes o como afirmaban los judíos, se trataba de un desconocimiento de los relatos bíblicos? En mi opinión, pienso que se trata de una mezcla de ambas:

 

    Las licencias literarias pueden tratarse de una reinterpretación del pasaje bíblico. Este tipo de reinterpretaciones o recreaciones de pasajes bíblicos no son ajenos en el judaísmo. De tal manera, hay pasajes del Talmud donde aparece un personaje llamado Lilith, primera mujer de Adán, que al contrario de Eva, no nació de una costilla, sino de la arcilla. Posteriormente, Lilith abandona de forma voluntaria el Jardín del Edén.

 

    Por otra parte, en los rollos del Mar Muerto o documentos de Qumram, hay pasajes donde se aporta información del físico de Sara, esposa del patriarca Abraham. Un ejemplo de la reinterpretación de un pasaje bíblico sería el relato de Adán

y Eva:

 

Los ángeles, excepto Iblis (Satán en el Islam) se postran ante Adán:

 

    «Y cuando dijimos a los ángeles: “¡Arrodillaos ante Adán!” Se arrodillaron, excepto Iblis. Se negó y fue altivo: era de los infieles». (Corán, 2: 34).

 

    Robert Graves recoge una tradición rabínica no muy distante a la ofrecida por el Corán: «Todos los seres vivientes se acercaban al radiante Adán con temor reverente, tomándolo equivocadamente por su Creador. Pero cuando se postraban a sus pies, él les reprendía, diciendo: “Vayamos ante la presencia de Dios en acción de gracias; adoremos, reverenciemos y arrodillémonos ante el Señor nuestro Hacedor...” Dios quedó satisfecho y envió ángeles para que rindieran homenaje a Adán en Edén. Se inclinaron ante él sumisamente, le asaron la carne y le sirvieron el vino. Sólo la envidiosa Serpiente desobedeció, e inmediatamente Dios la expulsó de Su presencia». (Robert Graves, Mitos Hebreos).

 

- No aparece ninguna serpiente sino el Demonio y tampoco dice que la mujer venga de una costilla de Adán. Así mismo, al contrario que en el relato del Génesis, el Demonio tienta al varón y no a la mujer:

 

    «Pero el Demonio le insinuó el mal. Dijo: “¡Adán! ¿Te indico el árbol de la inmortalidad y de un dominio imperecedero?” Comieron de él, se les reveló su desnudez y comenzaron a cubrirse con hojas del Jardín. Adán desobedeció a su Señor y se descarrió». (Corán, 20: 120-121).


    De esta forma, podemos observar una visión alternativa a la bíblica, donde la posición secundaria de la mujer o su responsabilidad en la caída del hombre no se reflejan.

 

    Otro ejemplo sería el pasaje en que Abraham acude a sacrificar a su hijo. El Génesis nos dice que el hijo al que va a sacrificar es Isaac, mientras que el Corán afirma que es Ismael: «Dijo (Abraham): “¡Voy a mi Señor! ¡El me dirigirá! ¡Señor! ¡Regálame un hijo justo!” Entonces, le dimos la buena nueva de un muchacho benigno (Ismael). Y cuando tuvo bastante edad como para ir con su padre, dijo: “¡Hijito! He soñado que te inmolaba. ¡Mira, pues, qué te parece!” Dijo: “¡Padre! ¡Haz lo que se te ordena! Encontrarás, si Allah quiere, que soy de los pacientes». (Corán, 37: 99-101).

 

    Esta reinterpretación busca, seguramente, legitimar a Ismael, patriarca de los árabes, como el «hijo de la promesa». Más adelante se menciona el nacimiento de Isaac, patriarca de los hebreos, el cual también es bendecido por el Corán: «Y le anunciamos el nacimiento de Isaac, profeta de los justos. Les bendecimos a él (Abraham) y a Isaac. Y entre sus descendientes unos hicieron el bien, pero otros fueron claramente injustos consigo mismos». (Corán, 37: 112-113).


    El libro del Génesis, por su parte, contiene bendiciones para Ismael: «Y en cuanto a Ismael, también te he oído; he aquí que le bendeciré, y le haré fructificar y multiplicar mucho en gran manera; doce príncipes engendrará, y haré de él una gran nación». (Génesis, 17: 20).


    «Levántate, alza al muchacho, y sostenlo con tu mano, porque yo haré de él una gran nación». (Génesis, 21: 18).

 

    Uno de los hijos de Noé muere en el Diluvio al no querer entrar en el Arca, lanzando un mensaje de humildad, respeto hacia los padres y a la voluntad de Dios: «Y navegó con ellos entre olas como montañas. Noé llamó a su hijo, que se había quedado aparte: “¡Hijito! ¡Sube con nosotros, no te quedes con los infieles!” Dijo: “Me refugiaré en una montaña que me proteja del agua.” Dijo: “Hoy nadie encontrará protección contra la orden de Allah, salvo aquel de quien Él se apiade.” Se interpusieron entre ambos las olas y fue de los que se ahogaron». (Corán, 11: 42-43).


        «Posiblemente, Jesús es uno de los profetas más queridos del Islam».


 

    Sin embargo, no cabe duda de que existen confusiones graves, como atribuir al rey Saúl un episodio que en el libro de Jueces es protagonizado por Gedeón. Compárese estos dos pasajes, el primero de la Biblia y el segundo del Corán: «Entonces llevó el pueblo a las aguas; y Jehová dijo a Gedeón: cualquiera que lamiere las aguas con su lengua como lame el perro, a aquél pondrás aparte, asimismo

a cualquiera que se doblare sobre sus rodillas para beber. (...) Entonces Jehová dijo a Gedeón: con estos trescientos hombres que lamieron el agua os salvaré, y entregaré a los madianitas en tus manos; y váyase toda la demás gente cada uno a su lugar». (Jueces, 7: 5-7).


    «Y, cuando Saúl marchó con los soldados, dijo: “Allah os probará con un arroyo. Quien beba de él no será de los míos. Quien no lo pruebe, será de los míos, a menos que beba una sola vez del hueco de la mano”. Y bebieron de él, salvo unos pocos. Y, cuando él y los que creían lo hubieron cruzado, dijeron: “Hoy no podemos nada contra Goliat y sus soldados”. Los que contaban con encontrar a Allah dijeron: “¡Cuántas veces una tropa reducida ha vencido a otra considerable con permiso de Allah! Allah está con los que tienen paciencia». (Corán, 2: 249). 

 

    En otro pasaje, un samaritano es el encargado de incitar a los israelitas a adorar a un becerro de oro, en una época en que Samaria aún no existía: «Dijeron: “No hemos faltado por propio impulso a lo que te habíamos prometido, sino que se nos obligó a cargar con las joyas del pueblo y las hemos arrojado. Y lo mismo hizo el samaritano.” Éste les sacó un ternero, un cuerpo que mugía, y dijeron: “Este es vuestro dios y el dios de Moisés». (Corán, 20: 87-88).

 

    Otros personajes vetero-testamentarios que son mencionados en el Corán son Lot, Moisés, David o Salomón. Con respecto al Nuevo Testamento, la figura de Jesús, así como la de María o Juan el Bautista, están presentes.

 

    Sobre el nacimiento de Juan el Bautista, se dice lo siguiente: «Los ángeles le llamaron (a Zacarías) cuando, de pie, oraba en el Templo: “Allah te anuncia la buena nueva de Juan, en confirmación de una Palabra que procede Allah, y que será líder, abstinente, profeta de los justos». (Corán, 3: 39).


    Más adelante en este mismo capítulo, se habla de la concepción virginal de Jesús a través de María: «Cuando los ángeles dijeron: “¡María! Allah te anuncia la buena nueva de una Palabra que procede de Él. Su nombre es el Ungido, Jesús, hijo de María, admirado en esta vida y en la otra y será de los que tengan proximidad. Hablará a la gente en la cuna y siendo adulto, y será de los justos”. Dijo ella: “¡Señor! ¿Cómo puedo tener un hijo, si no me ha tocado mortal?” Dijo: “Así será. Allah crea lo que Él quiere. Cuando decide algo, le dice tan sólo: “¡Sé!” y es. Él le enseñará la Escritura, la Sabiduría, la Torá y el Evangelio». (Corán, 3: 45-48).


    Cuenta la tradición musulmana que cuando uno de los musulmanes fugitivos de La Meca fue reclamado junto a sus compañeros, recitó este pasaje ante el rey de Abisinia (actual Etiopía), de religión cristiana. Al acabar, el rey de Abisinia pintó una línea en el suelo con su báculo y dijo: «La diferencia entre vuestra fe y la mía es menor que el grosor de esta línea. Los musulmanes pueden quedarse».

 

    Posiblemente, Jesús es uno de los profetas más queridos del Islam. Hay diversas descripciones de este personaje en el Corán. En un pasaje, habla desde la cuna: «Entonces ella (María) se lo señaló. Dijeron: “¿Cómo vamos a hablar con quien se encuentra todavía en la cuna, con un niño?” Él (Jesús) dijo: “Soy el siervo de Allah. Él me ha dado la Escritura y me ha convertido en profeta. Me ha bendecido esté donde esté y me ha ordenado la oración y la limosna mientras viva, y que respete a mi madre. No me ha hecho violento ni soberbio. La paz sobre mí el día que nací, el día de mi muerte y el día en que sea resucitado a la vida”. Ése es Jesús, hijo de María, Verbo de la verdad sobre el cual discuten. Dios no tiene por qué adoptar un hijo». (Corán, 19, 31-35).


 

    En este pasaje Jesús afirma que morirá, aunque en otros pasajes se dice que no murió crucificado, sino uno que se le parecía. Tras esto, ascendió vivo al Cielo: «Y por haber dicho: “Hemos dado muerte al Ungido, Jesús, hijo de María, el enviado de Allah”, siendo así que no lo mataron ni le crucificaron, sino que les pareció así. Los que discrepan acerca de él, dudan. No tienen conocimiento de él, no siguen más que conjeturas. Pero, ciertamente no le mataron, sino que Allah lo elevó a Sí. Allah es poderoso, sabio». (Corán, 4: 157-158). 

 

    Con respecto a calificar a Jesús como «Verbo», no tiene el mismo sentido que en el evangelio de San Juan, donde se da a entender la preexistencia de Cristo junto a Dios Padre. En el Corán se aplica para calificarle como portador de la Verdad.

 

    Existen algunas alusiones a pasajes de evangelios apócrifos, como el de Santo Tomás, donde también se dice que Jesús creó unos pájaros de barro a los que dio vida: «Y como enviado a los Hijos de Israel: “Os he traído un signo que viene de vuestro Señor. Voy a crear para vosotros unos pájaros empleando arcilla. Entonces, soplaré en ellos y, con permiso de Allah, se convertirán en pájaros. Con permiso de Allah, curaré al ciego de nacimiento y al leproso y resucitaré a los muertos. Os informaré de lo que coméis y de lo que almacenáis en vuestras casas. Ciertamente, tenéis en ello un signo, si es que sois creyentes. Y en confirmación de la Torá anterior a mí y para declararos lícitas algunas de las cosas que se os han prohibido. Y os he traído un signo que viene de vuestro Señor. ¡Temed, pues, a Allah y obedecedme!». (Corán, 3: 49-50).

 

    Al margen de las reinterpretaciones que se hayan llevado a cabo de los pasajes bíblicos o los errores que se cometieran por falta de conocimiento de las escrituras sagradas, los teólogos musulmanes empleaban la Biblia a la hora de comentar el Corán en sus obras.

Fueron frecuentes las discusiones teológicas entre musulmanes y judíos en diversos lugares, como Persia o en la propia Al-Andalus. Por eso, al margen de que en países dictatoriales islamistas se prohíba la Biblia, ésta no deja de tener valor teológico para el musulmán, aunque aprecie en mayor medida al Corán.


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Pies de foto:


    [Imagen principal] Joaquín Aldeguer, (2015).


    [Segunda imagen] Enlace


    [Tercera imagen] Enlace

 

Bibliografía:

 

    ANÓNIMO, El Corán.

 

    ANÓNIMO, La Biblia (Trad. Reina-Valera).


     ARMSTRONG, Karen, Jerusalén


    BUJARI, Sajij al-Bujari.


    GRAVES, Robert, Mitos hebreos

 

    KÜNG, Hans, Islam: pasado, presente y futuro.


    VERNET, Juan, Los orígenes del Islam


    VIDAL, César, Los textos que cambiaron la Historia.


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