Relato corto de un infame. Capitulo II
LITERATURA

Relato corto de un infame. Capitulo II

    Mi afición por las palabras es como la de un sicópata matar, los dos cuidamos el más mínimo detalle. Las manchas de tinta en el papel o las de sangre en la ropa, las huellas de nuestros dedos en el folio, en el escritorio o en el cuello de aquella belleza nórdica de dieciséis años recién cumplidos. Sí, aún me acuerdo cómo su dulce voz iba pereciendo en el tiempo y en el espacio de aquella lujosa habitación, era como una melodía que va disminuyendo, y cuando parece que va a acabar, mi memoria vuelve a reproducirla como un disco de vinilo.

 

    Cuando mis oídos se deleitaban por el sonido del último aliento de algunas de mis  amantes, éste penetraba con suavidad por los poros de mi piel, una lágrima se precipitaba al piso, rompiéndose y revelando las miles de imágenes, gestos y movimientos de los que mis ojos habían sido testigos.  El suelo no era digno de ellas, por lo que tomé como costumbre traerme de casa unos guantes de plástico, tenía cien pares, un paquete de algodones y un bote de limpiador de suelos Vim, fue un boom de la época, todas las mujeres salían de la pequeña tienda de doña Encarnación con uno. En total todo me costaba cinco pesetas, algo que veía abusivo, «no escatime en precio si lo que compra es calidad» decía siempre aquella pequeña y regordeta mujer con sonrisa mella pero rebosante de alegría  y conformidad ‘no escatime en precio si lo que compra es calidad’ le dije yo cuando limpiaba mi lágrima del suelo con sus productos, soltando una carcajada vacía al aire.

 

    Conforme fue pasando el tiempo dejé de comprarle al marido de la difunta Señora Encarnación, ya que la lágrima dejó de resbalarse por mi mejilla hasta caer al suelo. Y comencé a cuestionarme mi moralidad, lo que está bien para mí con lo que está mal para la sociedad, porqué ésta se empeña en que los opuestos no pueden ir juntos, y yo me pregunto ¿por qué no?, amor con odio, dolor con placer, tristeza con alegría, todos ellos se unen en un punto y se entremezclan haciendo sentir en tu interior una explosión de emociones y sentimientos que no tienen nombre, que son indescriptibles. ¿Por qué os empeñáis en separar lo que no entendéis y unir lo que yo no entiendo? ¿No es más enfermizo tener la tendencia de enlazar a dos personas para el resto de su vida que unir sentimientos que vienen en la condición humana?


        «Comencé a cuestionarme mi moralidad, lo que está bien para mí con lo que está mal para la sociedad».


    Igual yo era bastante egoísta. Comenzaba compartiendo mis besos, mis caricias, mis palabras de amor, mis gritos, mi dolor con la otra persona, y ella conmigo, pero el éxtasis, el final no lo compartía con nadie, era mi momento y no podían complacerse con mi cara de satisfacción cuando morían, pero ellas si compartían las suyas.  Por aquella razón cogí mi máquina de escribir Continental modelo Standard 1936, regalo de mi padre, que en paz descanse, y comencé a escribir sobre cada una de las mujeres que pasaron por mi cama y murieron en mis manos.

 

    Revivirán en cada párrafo de mis novelas, en cada voz y en cada imaginación. Idealizadas como diosas que dieron su vida para ser mis musas. Inmortalizadas mediante mis dedos y mi pluma.

 

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Pies de foto:


    [Imagen principal] Florencia Gutman (2014).

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