Por los límites del subconsciente y la realidad
CINE

Por los límites del subconsciente y la realidad

    La primera película sonora dirigida por el gran cineasta danés Carl Theodor Dreyer (1889-1968) adaptaba de forma muy libre la historia corta romántico-vampírica «Carmilla», incluida en la obra del irlandés Sheridan Le Fanu In a glass darkly (1872). De hecho esta coproducción germano-francesa es una película de terror muy particular en la que un aspecto visual imaginativo y experimental se sobrepone a la propia adaptación literaria para crear una inquietante narración entre lo onírico y lo real. A pesar de no ser tan conocida como otras cintas vampíricas, el tiempo la ha ido convirtiendo en un título de culto y su vigencia ha trascendido mediante una gran influencia posterior.

 

 

La noche era inquietante. Luces y sombras, voces y caras parecían ocultar algo. Allan Gray notó que una fuerza fantasmagórica le invadía. Luchó en vano contra el miedo que con sigilo le atacaba y la ansiedad frente a cosas impalpables le persiguió en su sueño agitado.


 (Dreyer, 1932)

 

     Vampyr es, por muchas razones, una película muy peculiar, y podría decirse que única. Es muchas cosas a la vez: una cinta de terror, una producción muy experimental, una interesante conjunción de cine mudo con las primeras posibilidades que brindaba el sonoro… Es difícil determinarla o definirla por su riqueza, a pesar de su contenido metraje. Pero está claro que es una pieza de poesía visual (terrorífica y turbadora, eso sí) muy poco común que no tuvo mucho éxito en su momento, pero que ha conseguido con el tiempo convertirse en un referente para muchos cineastas, sobre todo dentro de los géneros fantástico y de terror.

 

    La narración, situada en la Francia de principios del siglo XX, parte de la visita de Allan Gray, un personaje interesado en el ocultismo y la fantasía, a la aldea de Courtempierre [1]. El ambiente de la posada en la que se aloja le turba, y por la noche le asaltan sueños con presagios poco comunes y extraños personajes. Uno de ellos es el anciano dueño de un castillo, que irrumpe en su habitación para prevenirle sobre funestos acontecimientos y le dejará un enigmático presente: un paquete que Gray sólo deberá abrir si al anciano le sobreviniera la muerte. La excitada imaginación de Gray le hace ponerse en marcha y seguir unas extrañas señales que le acercan a un edificio destartalado y aparentemente deshabitado, en el que sombras y personajes reales se confunden con un ambiente opresivo. Gray huye de allí y, siguiendo otras sombras, llega hasta el apartado castillo del anciano que le visitó en la posada, donde su hija mayor Léone se mantiene en una cama debido a una grave enfermedad. Gray es testigo desde el exterior de la casa del extraño asesinato del anciano, pero llega demasiado tarde para intentar ayudarle, así que los sirvientes le piden que pase la noche en el castillo. Decide entonces abrir el enigmático regalo que le había hecho el recién difunto, comprobando que se trata de un libro sobre vampiros, pero entonces Léone escapa de su cama y su hermana menor Giséle y Gray deben buscarla por los jardines de la propiedad. Finalmente la encuentran inconsciente, y al llevarla de nuevo a la cama comprueban que tiene heridas recientes en su cuello. Gray se encuentra por tanto en un ambiente doblemente funesto, puesto que a la presencia del cadáver del asesinado se une la extraña situación de Léone, mientras el libro sobre vampiros va ofreciéndole distintas revelaciones inquietantes que empiezan a dar pistas sobre la situación en la que se encuentra inmerso. El planteamiento está hecho, el nudo está bien apretado, y la historia se dispone a partir de entonces a su desenlace (el cual, por respeto a quienes no la hayan visto aún, no se revela aquí).

 

    Vampyr es el décimo largometraje firmado por Dreyer y el segundo que realizó en su etapa francesa, tras La pasión de Juana de Arco (La passion de Jeanne d’Arc, 1928), su última cinta muda, que también fue más allá de un discreto resultado comercial para ser considerada como una de las obras cumbre en la filmografía del danés y una de las cintas de mayor excelencia de la etapa final del cine mudo. La producción de Vampyr tuvo como principal valedor al barón Nicolas de Gunzburg [2], que coproduciría la cinta junto al propio Dreyer, con la condición de aparecer también en el papel protagonista de Allan Gray. El rodaje tuvo lugar en el verano de 1930 en Francia [3] y, tras el montaje, Dreyer se trasladó a Berlín para la postproducción del sonido, que se alargó hasta el verano de 1931. La razón era que había rodado la película en tres versiones distintas (en francés, alemán e inglés) para intentar que su distribución fuera lo más amplia y fácil posible sin que la cinta perdiera su razón y su idea inicial, pero en este largo tiempo tuvo que sincronizar el sonido con la imagen de los protagonistas, una tarea difícil teniendo en cuenta que incluso había escenas alternativas.

 

 

    A pesar de ser la primera cinta sonora dirigida por Dreyer, la escasez de los diálogos e incluso la reminiscencia de algunos intertítulos son características que inciden en la importancia estética de la película, cuya inquietante ambientación ha dado lugar a una gran influencia en los géneros de terror y fantástico. El difuminado consciente de las imágenes ideado por el gran cámara Rudolph Maté [4] y el propio Dreyer, además de los diversos trucajes (a cargo de Henri Armand), ayudaban al director a subrayar el papel del subconsciente y de lo onírico. Se conseguía así hacer muy difícil de discernir el límite entre lo real y lo irreal de la acción a lo largo del metraje, dando la sensación en todo momento de estar a caballo entre esos dos mundos y conformando sin duda el ambiente opresivo y en cierto modo extrasensorial que el genial director danés perseguía en esta película. Las múltiples elipsis y saltos espaciales, así como las muchas premoniciones visuales que pueblan la cinta, eran otro apoyo más a esa intención de Dreyer de difuminar la realidad, no siguiendo por tanto un desarrollo lineal clásico de la narración, sino dejándose llevar por multitud de acontecimientos en paralelo que redundaban en lo inquietante del argumento y la puesta en escena. Planos muy audaces, como los rodados desde dentro de un ataúd, o las sombras inteligentemente utilizadas que pueblan muchos segmentos del metraje suponen sin duda claros antecedentes de trucos similares posteriores del género de terror, llevándonos inequívocamente, con permiso del Nosferatu de Murnau (Nosferatu, eine Symphonie des Grauens, 1922), hasta el Drácula de Bram Stoker de Francis Ford Coppola (Bram Stoker’s Dracula, 1992).

 

    El hecho de contar con actores bastante desconocidos otorgaba una extraña naturalidad a las interpretaciones, que añaden un peculiar contraste con la estética antinatural imperante. De este modo, la atmósfera y la tensión son mucho más importantes que cualquier personaje de la cinta, si bien las interpretaciones no desentonan y cumplen con su mencionado cometido. El film es casi mudo por sus escasos diálogos, pero los efectos sonoros se muestran imprescindibles para apoyar el ambiente de suspense, a pesar de que, por ejemplo, muchos de los sonidos de animales que aparecen fueran realizados por personas expertas en imitaciones. Y no hay que dejar de mencionar la banda sonora del por entonces prometedor compositor Wolfgang Zeller [5], cuya música también es parte importante en la atmósfera inquietante de la cinta, una sensación patente sobre todo por las notas de la sección de cuerda.


        «Las muchas premoniciones visuales que pueblan la cinta, eran otro apoyo más a esa intención de Dreyer de difuminar la realidad, no siguiendo por tanto un desarrollo lineal clásico».


 

    Se convierte así Vampyr en un auténtico homenaje visual a lo onírico y lo opresivo, con escenas inolvidables por su efectismo, como las sombras de la guarida de la bruja-vampiro, o la visión de Gray de su propio entierro. No estamos hablando de una producción espectacular con gran profusión de efectos especiales, ni siquiera de un título de terror al uso que mantenga al espectador pegado a su asiento, pero sí es cierto que toda la ambientación tan plagada de irrealidad provoca una continua desazón y una gran abstracción, dejando claro que, más allá del terror convencional, Dreyer estaba más interesado en inquietantes cuestiones de nuestro subconsciente. El apartado visual se come literalmente a un guión por momentos algo complicado por sus continuos saltos espaciales.

 

    La versión editada en DVD en España corresponde a sucesivas restauraciones de la cinta en 1998 y 2009, que pretendían devolver el metraje íntegro a partir de copias de la versión alemana, el logrado difuminado original de la imagen y el sonido original también en alemán (uno de los 3 idiomas en que se rodó la película, además del francés y el inglés). La excelente presentación de la edición de la productora catalana Versus Entertainment cuenta con 2 DVD, correspondiendo el primero a las dos versiones del film, tras la restauración de 1998 y después de la de 2009, mientras que el segundo cuenta con dos interesantes documentales sobre Dreyer, unas más que curiosas escenas eliminadas del film (que se antojan demasiado crudas y tétricas para la época), además de la comparación entre planos de las dos versiones del DVD. Y todo esto sin olvidar el meritorio y muy cuidado libro que acompaña también a esta edición, con interesantes aportaciones sobre la película, entrevistas a Dreyer y algunos de sus colaboradores, así como numerosas imágenes extraídas de ella.

 

    No cabe duda de que Vampyr es una auténtica joya a recuperar para conocer por primera vez o para revisar en diversas ocasiones, puesto que su riqueza visual y su interesante y por momentos enigmático planteamiento permiten analizarla desde múltiples ópticas. Precisamente estas amplias posibilidades de debate en torno a ella han sido aprovechadas por la Asociación Cultural sin ánimo de lucro «Cine Sin Fin» de Jaén [6] para incluirla en una de sus sesiones cine-fórum. Se trata de la sesión doble «Visiones tempranas del vampiro», realizada el martes 28 de octubre de 2014 en la Universidad Popular Municipal de Jaén, dentro de la programación del Festival Otoño de Muerte 2014 (organizado por el colectivo Baraka Project), en la que Vampyr comparte protagonismo con otro gran clásico también citado en estas líneas: Nosferatu. Dos ejemplos muy distintos de cómo el cine se acercó en sus primeras décadas al recurrente tema literario del vampirismo [7] y dos cintas de dos monstruos europeos del cine que demuestran sobre todo una influencia posterior innegable. Porque las películas, por mucho tiempo que pase desde su estreno, son fuentes inagotables de referencias para cineastas posteriores y, cómo no, documentos capaces de provocar que los espectadores evoquen o rememoren relatos literarios o escenas de otras producciones cinematográficas. Porque viendo en Vampyr las marcas de unos dientes en el cuello de Léone es muy fácil recordar otros muchos cuerpos mordidos por ilustres vampiros interpretados por nombres legendarios como Schreck, Lugosi, Lee, Kinski… O bien transformar en imágenes algunos pasajes de obras de Le Fanu, King, Rice o el mismísimo Bram Stoker.

 

 

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Notas al pie:

 

    [1] Localización real, corresponde a una pequeña localidad francesa del departamento de Loiret, a unos 86 kilómetros al sur de París.

 

    [2] Nicolas de Gunzburg (1904-1981), noble francés de familia ruso-judía, adoptaría el pseudónimo Julian West para su faceta de coproductor y para su interpretación, que supusieron sus únicos trabajos cinematográficos. Años después emigraría a Estados Unidos, donde se convertiría en una destacada figura en el mundo de la moda y de las revistas especializadas en ella.

 

    [3] Aparte de la citada Courtempierre, el resto de localizaciones de rodaje fueron Montargis (departamento de Loiret), Villeneuve-sur-Verberie (departamento de Oise, al norte de París), Senlis (también en Oise) y Braye (departamento de Aisne, al nordeste de París).

 

    [4] Rudolph Maté (1898-1964), de origen austro-húngaro (nacido Rudolf Mayer), fue un importante cineasta que comenzó en el cine europeo trabajando como cámara en numerosas producciones, en concreto con Dreyer en Mikaël (1924) y La pasión de Juana de Arco (La passion de Jeanne d’Arc, 1928) antes de Vampyr. Desde mediados de la década de 1930 trabajó en Estados Unidos, para directores tan importantes del momento como Lang, Wyler, Hitchcock, Lubitsch o Welles, e incluso se dedicaría también a la dirección en unos treinta títulos, como El León de Esparta (The 300 Spartans, 1962).

 

    [5] Wolfgang Zeller (1893-1967), formado como violinista y compositor, comenzó su carrera en el cine en 1926, firmando desde entonces y hasta 1959 unas 90 bandas sonoras para producciones alemanas.

 

    [6] Para más información sobre la Asociación Cine Sin Fin, ver la página web:http://www.cinesinfin.com/

 

    [7] Otro de los primeros grandes títulos cinematográficos sobre los vampiros es Drácula (Dracula, Todd Browning, 1931), recuperada también por la Asociación Cine Sin Fin para formar parte de su otra colaboración con el mencionado Festival Otoño de Muerte 2014. Se trata de la Maratón “Clásicos de Terror de la Universal”, una sesión cine-fórum múltiple en la que se apela a la tradición de las televisiones estadounidenses de proyectar películas de terror clásicas en la fiesta de Halloween; le acompañan en la sesión El doctor Frankenstein (Frankenstein, James Whale, 1931) y El Hombre Lobo (The Wolf Man, George Waggner, 1941).

 

 

Pies de foto


    Capturas: Carl Theodor Dreyer (1932) Vampyr: Der Traum des Allan Gray (Vampyr)

 

 

Filmografía y enlaces de interés:

 

DREYER, C. T. (director) (1932) Vampyr: Der Traum des Allan Gray (Largometraje, 73 min.) Alemania/Francia: Tobis Filmkunst


Ficha técnica en IMDb:

http://www.imdb.com/title/tt0015064/

 

Ficha técnica en FilmAffinity:

http://www.filmaffinity.com/es/film559192.html

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