¿Por qué las emociones están de actualidad?
SOCIEDAD

¿Por qué las emociones están de actualidad?

    Estudios en los más diversos campos de la ciencia (psicología, neurociencia, filosofía, ciencias sociales, conflictología, etc.), programas de televisión, series, y demás productos de entretenimiento, han devuelto un renovado interés por este tema, que tuvo su auge a mediados de los años sesenta y setenta del siglo XX. 


 

    El término «inteligencia emocional», acuñado por Daniel Goleman en 1995 en su libro Emotional Intelligence, empieza a extenderse como un método que nos capacita para la gestión de las emociones propias y ajenas, desarrollando habilidades concretas para su manejo. A partir de entonces son numerosos los test que determinan el «cociente emocional», siendo bastante sencillo teclear en cualquier buscador «test inteligencia emocional» para acceder a multitud de enlaces que nos permitirán realizar alguno de estos test, y saber cuan hábiles somos con nuestras emociones y como las empleamos. 


    Frente al conocido test CI (coeficiente intelectual), que mide la capacidad intelectual o la inteligencia de la persona, el test de inteligencia emocional viene a completar aquel análisis, sobreentendiendo que las emociones influencian nuestros juicios racionales, o más allá, que el hombre no solo es hombre por la razón sino por sus emociones. Así, la teoría de la percepción (corriente intermedia entre la teoría de las sensaciones, centrada en los aspectos fisiológicos de las emociones, y el cognitivismo, que identifica la emoción con un juicio de valor) defiende que las emociones influyen en nuestros juicios, es decir, que una emoción nos llevaría a realizar una acción que puede ser opuesta a nuestro juicio racional. Por ejemplo, el miedo nos puede conducir a hacer algo tan desagradable como matar a una lagartija o un pajarito, aun sabiendo que estos animales son inofensivos para el hombre. La sensación de peligro y autoconservación puede determinar una reacción irracional. Aunque al contrario del ejemplo, esta teoría enfoca su argumentación en que las emociones amplían nuestra razón, es decir, permite que desarrollemos nuestro sistema de valores y normas atribuyendo a un objeto una nueva valoración. De esta forma podríamos discernir lo que es bueno y correcto a través del complemento razón-emoción. Pero, ¿por qué está en boga la inteligencia emocional y la gestión de las emociones? ¿Emociones y razonamiento siempre van de la mano? ¿No ocurre, como en el ejemplo, que a veces nuestras emociones anulan todo pensamiento racional? Vamos a intentar resolver alguna de estas dudas en los siguientes apartados.

 


El origen de las emociones.


    El ser humano desde la Prehistoria ha tenido presente el conflicto entre la razón y los sentimientos. Si bien, al principio, el componente emocional, inserto en el sistema nervioso, supuso para el hombre un mecanismo que le facilitó su relación con el exterior y principalmente con el resto de sus congéneres, como salvaguarda de la especie. Las emociones nos predisponen para tomar un u otra elección, mostrándonos una dirección, como un guía, que en aquellos primeros momentos permitió afrontar muchos peligros, con éxito. Las emociones fueron parte, por tanto, de las herramientas de las que se valió el hombre para evolucionar.


        «La evolución de la civilización ha provocado la obsolescencia de las emociones, de forma que el hombre ha encerrado dentro de la razón todo tipo de expresión o conducta emocional».


    Sin embargo, la evolución de la civilización ha provocado la obsolescencia de las emociones, de forma que el hombre ha encerrado dentro de la razón todo tipo de expresión o conducta emocional. El repertorio emocional se vio reducido con el paso de la evolución, creándose un déficit en la expresión de las emociones. En algunas etapas de la historia la razón impera como característica del hombre por encima de otras manifestaciones, así ocurrió con el racionalismo de los siglos XVI y XVII; y en otras etapas, por contra, fue predominante la importancia de las emociones y los sentimientos, como aconteció en el siglo XIX con el movimiento romántico. La lucha entre razón y emoción es una constante durante toda la evolución del hombre, hasta nuestros días, cuando parece resurgir, con nuevos planteamientos, el valor de las emociones.

 


El boom de las emociones.


    El boom de las emociones tiene en nuestros días fiel reflejo en los medios de comunicación; desde la televisión hasta Internet. En la televisión, por ejemplo, podemos atiborrarnos de telenovelas, reality shows y programas del corazón que apelan constantemente a nuestros instintos emocionales. Nos hacen reír, nos hacen odiar (mi abuela siempre se enconaba contra la mala de la serie), nos hacen temer, nos hacer llorar… En este último caso, paradigmático, podemos observar detenidamente como muchos de los programas televisivos tienen por objetivo alcanzar el llanto, nuestro llanto, emocionarnos (como se suele decir) frente a las desgracias ajenas, transmitiéndonos a través del tubo catódico emociones impropias y, a veces, no deseadas. En el capítulo 41 de Las Reflexiones de Repronto (una especie de blog/laboratorio dedicado al análisis crítico y friqui de los medios audiovisuales) se hace un examen acertado del asunto. 


    Internet también es un campo donde poner en práctica esto de las emociones. Por todos es sabido que las máquinas —y todo lo que tenga que ver con ellas, incluida la informática— adolecen de una característica humana destacable: los sentimientos. Cuantas veces habremos oído aquello de que las máquinas nunca podrán alcanzar al hombre sin experimentar emoción alguna. Cierto es, que se plantea como difícil, y sólo podemos tener constancia a través de la ciencia ficción (el niño de Inteligencia Artificial, C3PO de Star Wars o Johnny 5 de Short Circuit) de que las máquinas también sienten. 


    Pero, dejando a un lado las máquinas, esto de las emociones sí que está teniendo su utilidad por ejemplo en las redes sociales y la telefonía móvil. En Facebook, SMS, en foros de todo tipo, chats, correo electrónico etc. apareció una herramienta que propició el inicio de la humanización del espacio comunicacional: los emoticonos. Secuencias de caracteres que imitan rostros y aparentan transmitir emociones. Si bien su aparición se remonta a 1881, su verdadera expansión ha tenido lugar con la proliferación de la telefonía móvil e Internet. De esta forma, se solventó el problema de mensajes inexpresivos y faltos de sentimiento (aunque no podemos negar que la poesía nos puede emocionar sólo con palabras) que impedían, más que ayudaban, a comunicarnos; ya que no podemos olvidar que las emociones nos facilitan el intercambio de información y el sostenimiento de las relaciones interpersonales.


    La política también parece haberse subido al carro de las emociones, y es que el estudio sistemático de la propaganda emocional a partir de Goebbels ha dado sus frutos. Las campañas electorales americanas no son sino pura y dura propaganda emocional. En estas últimas elecciones a la presidencia de los Estados Unidos ambos candidatos mostraron sus estados emocionales a lo largo de todo el territorio americano, incluida la televisión. Muchos pudimos escuchar como Obama, en el primer debate televisado, lisonjeaba a su amada «Primera Dama» diciéndole: «Hay muchos temas que quiero tratar esta noche, pero el más importante es que hace 20 años me convertí en el hombre más afortunado de la tierra porque Michelle Obama aceptó casarse conmigo. Por eso, cariño, quiero desearte un feliz aniversario». Creo que se pudo hablar más de esto que de los temas realmente interesantes del debate posterior.


    Ahora bien, donde mayor difusión está teniendo el resurgir de las emociones es en otros ámbitos más cercanos a la divulgación y al estudio de la inteligencia emocional. Es curioso el obsesivo interés de divulgadores como Eduard Punset que parecen haber encontrado la panacea con los temas relacionados con la inteligencia emocional —y que le está reportando pingües beneficios con sus archiconocidos libros de autoayuda— siendo su programa televisivo Redes una plataforma estupenda desde la que mostrar al mundo estos saberes; y ahora más junto a su hija Elsa Punset, especialista en aprendizaje social y emocional, con una sección dedicada exclusivamente a mostrarnos las bondades del control emocional, expresando en cada capítulo la frase: «No es magia. Es inteligencia emocional». Emotivo, ¿verdad? Lo que si puede generarnos un tipo de emoción, y creo que para muchos del tipo negativo, es que el Instituto Coca-Cola de la Felicidad ha patrocinado algún que otro programa de Punset. ¿Cómo? ¿Qué tiene que ver Coca-Cola con Redes y con las emociones? La felicidad es un sentimiento está claro. Coca-Cola está realizando una labor impagable demostrándonos lo bueno que es estar y ser feliz, igual que Eduard Punset e igual que Elsa Punset. De hecho Eduard Punset es uno de los principales colaboradores de este feliz Instituto.

¿Qué ocurre aquí? ¿Parece que todo el mundo está muy interesado, de repente, en el control de las emociones, en cómo nos sentimos y cómo creemos que sienten los demás, en el desarrollo de nuestra inteligencia emocional? ¿Qué se esconde detrás de este interés? 

 


¿Razón o emoción?


    Se viene aceptando el argumento que se refiere al poder que las emociones tienen sobre nuestra razón. Los avances en neurociencia han demostrado que las emociones pueden neutralizar nuestra parte más racional, dejando evidencia del potencial de las emociones. Josep Redorta defiende que: «una vez que se ha activado una respuesta emocional, no se puede parar únicamente con la cognición. La emoción es más fuerte que la cognición», de tal forma que sólo otra emoción, contraria, podría mitigar el efecto de aquella.


    En Black Mirror, nueva serie de culto del director Charlie Brooker, se nos muestra el efecto de las emociones sobre la capacidad racional y crítica de las personas, creando una distopía donde la propaganda emocional es la principal herramienta de control. En el segundo capítulo titulado «15 millones de méritos», donde se hace una sátira de los programas del tipo talent-show (dícese Tú si que vales o Factor X), observamos como las personas que habitan ese mundo se relacionan necesariamente con avatares virtuales, relegando toda muestra de afectividad a conseguir «méritos» pedaleando en unas bicicletas y consumiendo variadas aplicaciones de entretenimiento. Las emociones están presentes en la publicidad, en las aplicaciones y en el día a día de la realidad virtual en la que viven, impidiendo que hasta la más mínima expresión de lucidez y de libertad de pensamiento se supriman en un mar de realidades tan vacías como sus avatares. 


        «La utilización del aspecto emocional antes que el racional como técnica implica la pérdida de todo análisis crítico de la realidad».


    La utilización del aspecto emocional antes que el racional como técnica implica la pérdida de todo análisis crítico de la realidad, y una puerta abierta al inconsciente para implantar todo tipo de ideas, mensajes, miedos, comportamientos, motivaciones, etc. Por ejemplo, la publicidad subliminal actúa sobre ese nivel de control emocional.


    No es, dicho sea de paso, extraño que la concepción de un ser hiper-evolucionado, como puede ser el arquetipo de extraterrestre, encaje con la imagen mítica del extraterrestre, que en nuestros días se asemeja a una criatura de inteligencia superior, carente de emociones y sentimientos, y a veces cruel —a excepción del encantador ET, claro—, que gracias a esa falta de aptitudes netamente humanas le hace destacar entre todos los seres vivos del universo. La criatura alienígena de Alien, el octavo pasajero, es el arquetipo de aquella concepción de un ser por encima de todo bicho viviente, al que su inmensa crueldad y desafecto lo hace prácticamente indestructible. Clarificadora es la frase que uno de los personajes de la película, el androide Ash, suelta a la tripulación de la nave antes de cortocircuitarse: «Admiro su pureza —refiriéndose al alien—. Es un superviviente al que no afectan la conciencia, los remordimientos… o las fantasías de moralidad. No tenéis ninguna posibilidad. Pero… contáis con mi simpatía. Visto así parece que hasta los robots tienen sentimientos».


        «La ausencia de emociones es análoga a un mayor nivel racional, es decir, cuando los sentimientos no nos atenazan somos más conscientes de la realidad y podemos adoptar comportamientos más adecuados».


    Lo que está presente es que de alguna forma, aunque sea culturalmente, entendemos que la ausencia de emociones es análoga a un mayor nivel racional, es decir, cuando los sentimientos no nos atenazan somos más conscientes de la realidad y podemos adoptar comportamientos más adecuados.


    Aun así, no podemos acertar a asegurar que las emociones sean negativas, todo al contrario. Las emociones nos ayudan a actuar, a adaptarnos a situaciones imprevistas, y por tanto a facilitar nuestro progreso, además de servirnos para comunicarnos y relacionarnos. Aunque en la actualidad las emociones hayan perdido su función de herramienta de supervivencia, como sí lo fue en los inicios de la humanidad, en el fondo siguen siendo imprescindibles para nuestro desarrollo evolutivo.


    De esta forma, debemos —aunque le demos la razón a Punset— cada vez más, ser conscientes de nuestras emociones, y también, del resto; comprenderlas, observarlas y gestionarlas, con la sana intención de encontrar un equilibrio entre inteligencia racional e inteligencia emocional, que nos ayude a acentuar nuestro espíritu crítico tan decaído como lo está nuestra educación, nuestra economía y nuestros valores.


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Pies de foto:


[Imagen principal] Carolina Jiménez (2013) ¿Por qué las emociones están de actualidad?

 


Bibliografía
:


GOLEMAN D. (1996). Inteligencia emocional. Kairos. 

 

Emoción y conflicto: aprenda a manejar las emociones. Paidos Ibérica (2006)


Doctor Repronto. Llorar y llorar. Recuperado el 31 de diciembre de 2013, desde: http://minchinela.com/repronto/2011/03/01/capitulo-41-llorar-y-llorar/


PUNSET, E. El gran interrogador en rtve.es. Recuperado el 31 de diciembre de 2013, desde: http://www.rtve.es/television/20111006/eduard-punset-gran-interrogador/466599.shtml


Instituto de la Felicidad. Recuperado el 31 de diciembre de 2013, desde: http://www.institutodelafelicidad.com/

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