Paredes de mentira, zapatos de cristal.
LITERATURA

Paredes de mentira, zapatos de cristal.

    Todo ser humano tiene la posibilidad de construir castillos de naipes, tenga éstos o no en sus manos.

    Creo que era un cuento de cuando aún era pequeño.

 

    De aquellos tiempos en los que tu espacio no rebasaba el borde de la mesa (en cuanto a altura) y tu afilada lengua hacía lo imposible por colarse en conversaciones ajenas. De otras edades y otros tiempos, más bien.

 

    Pero no con tanta impertinencia como el que arrasa con lo que pisa porque piensa suyo todo el lugar. Si no, siendo consciente de los resbaladizo del terreno y lo punzante de la intentona.

 

    Como un juego territorial, ni más ni menos.


    Es por ello, porque realmente no había territorio tal por el que luchar, que tuviste consciencia de los límites y los espacios.


    Porque al final, si no hay límite, si no hay contorno, no hay lugar. Regla básica del dibujo técnico y de la sociedad humana.


    Por supuesto, están los NO-LUGARES. Pero, si lo piensas, siempre acaban encerrados en un cubículo. Por si acaso. No vaya a ser. 


    Porque sin reglas se rompe el juego (y la creatividad).


    Y he aquí delante, ahora mismo, el gran dilema.


    No es el pueblo el que entra en el congreso si no, la representación estética de un todo. No es la ruptura de las reglas, es la imposición de unas nuevas.

    *Rectifico. 

 

    No es que el congreso se abra al pueblo.


    El pueblo puede, por supuesto, entrar o no, si le apetece y se digna a exigir sus derechos y a ejercer sus responsabilidades. Claro está, sólo faltaba.


    Es que no se han movido ni una sola de sus paredes. Puede que se trate, quizá, de una reforma de interiorismo.


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Pie de foto:


    [Imagen principal]: Florencia Gutman (2016).

 

 

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