Llamando a las puertas de una gran carrera
CINE

Llamando a las puertas de una gran carrera

    «Who’s that knocking at my door» es el primer largometraje dirigido por Martin Scorsese, una cinta de gestación bastante larga que nació como su proyecto de graduación en la NYU en forma de mediometraje. La incipiente calidad de la producción llevó a distintas adiciones que dieron lugar a la definitiva ópera prima del director italoamericano, en la que Scorsese ya iba dando pistas de su estilo tras las cámaras.

 

 


    - What are we going to do? Who's gonna go next?

    - First.

    - What do you mean, "first"?

    - I called first.

    - What do you want me to do?

    - Call second.

    - First. I like first better.”


       (Scorsese 1965-69) 

 

 

    Este primer largometraje dirigido por Martin Scorsese fue una producción que pasó por diversas modificaciones desde 1965 hasta 1969. De hecho, comenzó siendo en 1965 el proyecto de graduación de Scorsese en la Escuela de Cine de la New York University, un mediometraje con el título Bring on the dancing girls. El mentor de Scorsese en la NYU, Haig Manoogian, reconoció la calidad de la película, que fue aclamada por los críticos (como el mítico Roger Ebert) que pudieron verla en uno de sus escasos pases, y vio la posibilidad de hacer de ella una película más larga y con un argumento de mayor peso. Por ello, animó a Scorsese a rodar algunas escenas más, dando lugar a una nueva versión en 1967, con el título I call first. El último cambio que sufrió la película tuvo lugar en 1969, cuando un productor reconoció la sensualidad de la cinta y sugirió rodar una escena de mayor contenido erótico como condición para financiarla y distribuirla; el rodaje de la escena tuvo lugar en Holanda, y su inclusión en el metraje dio como resultado la versión definitiva que se conserva hasta nuestros días.

 

    La película comienza con una pelea callejera en mitad del barrio neoyorkino de Little Italy, acompañada por el fondo sonoro de una emisora de radio emitiendo «Jenny take a ride», un tema rockero de Mitch Ryder & The Detroit Wheels. A continuación, una panda de jóvenes italoamericanos se junta en un club, dentro del cual tiene lugar otro conato de pelea por cuestiones de deudas. Y allí conocemos al protagonista, J.R., plenamente italoamericano en habla y costumbres, aunque en un momento del metraje llegue a declarar ser judío. J.R. no parece tener un oficio claro, y sólo se dedica a pasar el rato con sus amigos, bebiendo, jugando, viendo películas o gastando alguna broma pesada. Y no parece de muy buen humor, puesto que recuerda en forma de flash-back lo sucedido con una chica, a la que conoció en la terminal del ferry de Staten Island y de la que se enamoró, pero de cuya relación no salió muy bien parado. Esta melosa historia pasada va apareciendo de forma paralela al desarrollo del argumento, centrado en esas correrías que a veces parecen anodinas y algo irreales, pero que dan la idea de una juventud ociosa y desencantada con su entorno. Y, como trasfondo, el conflicto interior de J.R., que nunca parece del todo satisfecho ni contento, como no sea al compartir unos whiskys con sus amigotes, mientras va recordando sus problemas afectivos y los desencuentros con la chica.


        «Nunca parece del todo satisfecho ni contento, como no sea al compartir unos "whiskys" con sus amigotes, mientras va recordando sus problemas afectivos y los desencuentros con la chica».


    El resultado final, en el que los cambios pesan algo por algunas escenas poco conectadas con el resto y un montaje que deja algo que desear (con algún error de continuidad incluido), es una ópera prima con cierta imperfección, pero muy interesante porque ya iba dando muchas pistas de hacia dónde se encaminaba la filmografía de Martin Scorsese, tanto en temática como en concepción visual. El director italoamericano tuvo que hacer una película lo más digna posible con un presupuesto casi inexistente, lo que redundó, por ejemplo, en que la mayoría de las escenas se rodaran en interiores (usando casas y locales de conocidos) para no tener que solicitar permisos al ayuntamiento de Nueva York que acarrearan más gastos, aunque sí es cierto que el consistorio de la ciudad permitió rodar en algunas localizaciones, un hecho que viene refrendado por un cartel de agradecimiento al final del metraje.

 

 

    Otra de las consecuencias del bajo presupuesto fue tener que contar para el reparto con una gran mayoría de actores noveles, con la excepción de Zina Bethune (que ya tenía cierta experiencia en televisión) en el papel de la chica. Entre estos actores novatos se encontraba un joven Harvey Keitel, por entonces secretario de un juzgado con cierta formación artística, que accedió al papel protagonista de J.R. tras ver un anuncio en un periódico, iniciando con esta película una carrera que, aparte de algunos altibajos, le ha granjeado cierta fama en el cine de las últimas décadas. Su papel en esta película es considerado como un álter ego del propio Scorsese, un vehículo del director que dota a la cinta de ciertas connotaciones autobiográficas.

 

    La esencia del conocido barrio neoyorkino de Little Italy que Scorsese muestra en la película por medio de carteles y tipografías, el uso del italiano o la decoración interior de los apartamentos es una realidad que se ha perdido en nuestros días, por lo que esta película se convierte en una especie de documento sociológico y urbanístico muy interesante. Ya en la película se apunta la cercanía (en realidad yuxtaposición) de Chinatown con Little Italy, una suerte de presagio de la realidad actual, en la que el barrio chino casi ha absorbido al italiano. Ciertamente Scorsese comienza a dar señales de su amor por la ciudad que le vio nacer, puesto que son varias las referencias a lugares emblemáticos, como Staten Island, Broadway, Canal Street o Greenwich Village (un lugar «de moda lleno de maricas»).


        «Escenas rodadas a cámara lenta o el inteligente uso de los espejos para ampliar el campo visual, algunas de las señas de identidad que ya no abandonarán el cine de Scorsese».


   Otra de las temáticas preferidas por Scorsese, la religión católica, tiene también una fuerte presencia en la cinta a través de algunas figuras o rituales (las velas santas o los crucifijos, por ejemplo) y, sobre todo, en la escena final dentro de una iglesia, presumiblemente la Catedral de San Patricio, el templo consagrado al patrón de Irlanda que por entonces era paradójicamente el centro de la vida religiosa de Little Italy; en todo caso, es un tema interesante para Scorsese, que a punto estuvo de sucumbir a la vocación sacerdotal en su juventud, pero cuya pérdida de fe tiene una plasmación directa en el tratamiento de las imágenes (con un peculiar sentido de la redención del protagonista) y en el acompañamiento musical con «Who’s that knocking», la canción de The Genies que dio el título definitivo a la película. Y otra de las grandes pasiones de Scorsese que tiene parte importante en la cinta es la cinefilia, que da lugar a varios diálogos sobre conocidos actores del momento (John Wayne, Natalie Wood, Jeffrey Hunter) y algunas películas (como Rio Bravo), así como una escena en la que J.R. y la chica salen de una sala de cine comentando lo que acaban de ver (de nuevo Rio Bravo).

 

    En el capítulo estético, la cinta posee una fotografía en blanco y negro muy conseguida y nítida (salvo algunos planos que corresponden a las nuevas tomas de 1967), que casa perfectamente con el estilo visual y con el ambiente degradado que puebla el metraje. A ello hay que sumar el atractivo de algunas escenas rodadas a cámara lenta o el inteligente uso de los espejos para ampliar el campo visual, algunas de las señas de identidad que ya no abandonarán el cine de Scorsese, como los primerísimos planos que inciden en las emociones de los personajes y les dotan de cierta sensualidad.

 

 

    Scorsese apunta en esta cinta otra de sus constantes, la gran importancia de los temas musicales como recurso dramático, dispuestos siempre de modo que no interfieran en los diálogos (aunque en ocasiones el estilo de las canciones no concuerde demasiado con la escena en cuestión). A destacar dos temas: por una parte «Watusi» de Ray Barretto, que acompaña a una violenta escena rodada a cámara lenta, dando un resultado sorprendente; y, por otra, el tema de The Doors «The End», que muchos recordarán como colofón a los créditos finales de Apocalypse Now, aunque en este caso es la melodía de fondo para la escena erótica insertada en 1969, dando lugar a una inquietante e interesante conjunción que bien podría haber derivado en un vídeo musical.

 

    En esencia, una ópera prima interesante y muy atractiva en lo visual, aunque algo errática en el desarrollo narrativo. Es una obra imperfecta, pero disculpable en sus deficiencias por los múltiples cambios a los que se vio sometida y por haber sido creada con un presupuesto ínfimo.

 

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Pies de foto:


    [Imagen principal] Martin Scorsese (1965-1969.) Who’s that knocking at my door (¿Quién llama a mi puerta?).


    [Segunda imagen] Martin Scorsese (1965-1969.) Who’s that knocking at my door (¿Quién llama a mi puerta?).


    [Tercera imagen] Martin Scorsese (1965-1969.) Who’s that knocking at my door (¿Quién llama a mi puerta?).


Filmografía y enlaces de interés:


    SCORSESE, M. (director) (1965-1969) Who’s that knocking at my door (Largometraje, 90 min.) Estados Unidos: Trimod Films.

 

    Ficha técnica en IMDb: http://www.imdb.com/title/tt0063803/

 

    Ficha técnica en FilmAffinity: http://www.filmaffinity.com/es/film626872.html

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Comentarios
Miguel Dávila
Disfruto el cine desde siempre. Lo investigo, escribo y charlo sobre él desde hace mucho.
Leñador
Júlia Solans Viñeta mensual