¿Cómo desaparecer completamente?
CINE

¿Cómo desaparecer completamente?

    Ya veo entrar la tenue luz del día por la ventana, no debe quedar mucho para que suene el despertador y espero su incómodo sonido agarrándome a la almohada con fuerza, sabiendo que pronto no sentiré su reparadora calidez. Todo es tan fácil aquí dentro. En mi cama paso las horas intentando recordar lo que he soñado, con 15 años tus sueños son la única propiedad de la que nadie puede despojarte; pego mis piernas contra el estómago, me vuelve a doler un poco, siento alivio y me invade la felicidad cuando caigo en la cuenta de que debajo del edredón puedo ser invisible cuando quiera, no tengo que dar explicaciones de nada y no tengo que pedir perdón por las cosas que he hecho en los dos últimos difíciles meses, pulso el play del mp3 y vuelvo a escuchar «How to disappear completely» de Radiohead.

 

    Volver a clase después de mi peor verano ha sido la causa de mi comportamiento, me está costando adaptarme, ¡joder qué a gusto estoy en la cama!, ahora mismo siento que es el único sitio en el que nada malo puede ocurrirme, bueno, quizás pensar, en la cama también se piensa demasiado...

 

    Me giro con brusquedad arrastrando mi edredón/escudo con la única intención de dejar los malos pensamientos al otro lado de la cama y vuelvo a adquirir mi posición fetal; ¡mierda! todavía me duele la hostia que me pegó mi hermano ayer cuando le robé su calzón de deporte; inhalo y exhalo los minutos de felicidad que me quedan en mi guarida, pero veo al trasluz de sus paredes que la luz del día va coloreando todos los objetos de mi habitación, que va siendo hora de salir ahí fuera... ¡No quiero!, me froto la cara con fuerza y al rozar mi cabeza aprecio que tengo el pelo cada vez más largo y fuerte, pincha... ¡Joder! Llevo grabada a fuego la cara de mi madre cuando vio mi cabeza rapada al uno, no entiende la envidia que me daba ver cómo le quedaban las gorras a Darío...

 

    Darío, Darío, Darío... ¿Dejará algún día de juzgarme y de reírse de mí con sus colegas?, no me va a perdonar en la vida que le robara el beso a África; y yo que creía que las pilladas sólo ocurrían en las películas y en las series malas, la realidad siempre supera a la ficción, a veces creo que mi realidad es peor que cualquier ficción.

 

    Cuento los segundos como un asesino condenado a la pena de muerte, ya no tengo tiempo ni de volver a darle al play y suena el maldito despertador con estruendo; a mi guarida ahora, la invade un estremecedor frío, la habitación está llena de luz pero yo de oscuridad, el dolor de barriga se intensifica como si me clavaran un puñal y lo movieran dentro y entonces veo que mi madre ha vuelto a poner en los pies de mi cama la falda de cuadros escoceses, me levanto rápido evitando ver mi reflejo en el maldito espejo y vuelvo a tragar saliva entregándome a la sentencia que es para mí pasar otro día más en mi particular baile de máscaras...

 

    Hasta esta noche guarida, guarda mi calor, voy a necesitarlo.

 

    La transexualidad y la lucha interpersonal que supone, han dado lugar a la transfobia, una de las peores lacras de nuestra sociedad actual; los transexuales son objeto de burla y de incomprensión por parte de un amplísimo sector de la población; es por eso que me reafirmo en el papel educativo que hace el cine y me complace poder compartir que es un asunto que se ha tratado en numerosas ocasiones.

 

    Se retrató con crudeza en cintas como Boys don't cry (Kimberly Pierce, 1999) o Desayuno en Plutón (Neil Jordan, 2005). También se ha llevado al cine en clave de musical patrio, 20 centímetros (Ramón Salazar, 2005) o en clave de musical internacional Hedwig and the Angry Inch (John Cameron Mitchell, 2001), en una vertiente muy trasgresora pero sin la vis cómica de The Rocky Horror Picture Show (Jim Sharman, 1975), por ejemplo. Otras historias destacables del y sobre «género», van desde algunas más amables como Transamerica (Duncan Tucker, 2005) o Las aventuras de Priscilla reina del desierto (Stephan Elliot, 1993) hasta dos rarezas cañís como son Mi querida señorita (Jaime de Armiñan, 1971) y La piel que habito (Pedro Almodóvar, 2011).


        «La transexualidad y la lucha interpersonal que supone, han dado lugar a la transfobia, una de las peores lacras de nuestra sociedad actual».


 

    Pero hay dos películas que, para mí, son especialmente reveladoras, que saben transmitir y hacer entender eso que muchos todavía ven como un capricho o, incluso, relacionan a la prostitución y al vicio de una manera absolutamente soez; en el mejor de los casos, y con la compasión mediante, hay quien piensa que es una enfermedad mental, ¿En serio? ¿Enfermos mentales? Estoy de acuerdo, si consideramos enfermos a aquellos que acarrean con los problemas psicológicos que conlleva no entender qué o quién eres. Hay mucho que ver y conocer, hay mucho que entender, hay mucho que decir respecto al tema, y sí, la transexualidad va de cambios porque todavía hay mucho que cambiar.

 

Laurence Anyways (2012):


    Cada cierto tiempo el mundo del cine y la prensa especializada necesitan una joven promesa que alimente la esperanza de que se pueden tomar nuevos rumbos, necesitan un «niño mimado» que haga correr ríos de tinta y encante a los jurados de los festivales más prestigiosos. Xavier Dolan es un talentoso guionista, un visionario director, un correcto actor y un hábil productor que hizo de Cannes su plataforma de lanzamiento mundial cuando arrasó con su debut I killed my mother (2009) a la tierna edad de 20 años.

 

    Su corta filmografía tiene muchos puntos en común: repertorios musicales impecables entre la electrónica y los clásicos franceses, fotografía mágica y ensoñadora o un gusto infinito por el encuadre, el slow motion, la metáfora visual y el color que harían enrojecer al mismísimo Wong Kar Wai; pero no sólo en lo formal esta el sello personal de este enfant terrible canadiense, la temática de sus películas gira en torno a sentirse diferente de alguna manera, a los problemas de identidad de género, a las variadas orientaciones sexuales, a la ruptura de tabúes para acabar con el «especial» y aunque muchos de sus detractores argumentan que su mundo peca de artificialidad disfrazada de profundidad, consigue tocar la fibra con su maravillosa labor como director de actores y con la humanidad que destilan alguna de las escenas y situaciones que crea.

 

Laurence Anyways cuenta durante casi 3 horas (aviso) la historia de Laurence (Melvil Poupaud), un profesor con ínfulas de poeta que un día decide ser el que siempre ha sentido ser y embarcarse en un viaje vital y emocional para cambiar de sexo sin renunciar al amor que siente por Fred (Suzane Clément) una directora de videoclips, que se debatirá entre su pasión irrefrenable y la razón que dicta una sociedad encorsetada y asustada por lo que no entiende.


        «Cada cierto tiempo el mundo del cine y la prensa especializada necesitan una joven promesa que alimente la esperanza de que se pueden tomar nuevos rumbos».


 

    La cinta toca, con milimétrica delicadeza, temas como la aceptación personal, la homofobia, la transfobia, la incomprensión o las relaciones materno-filiales sin prejuicios mediante escenas arrebatadoras como la del restaurante o la del viaje a la isla, invitándonos a participar de lleno en la polémica que suscitan ciertos puntos y sin miedo a crear un debate moral o jugar con nuestra capacidad de empatía ante algo que puede parecer aberrante, y todo en el marco de una historia de amor sin convicciones, sin convenciones y sin resentimientos, un amor real a lo largo del tiempo que traspasa la pantalla y el alma en sus momentos de dolor y contagia su utopía, gracias, sobre todo, a que Suzane Clément se lanza al vacío sin red en una interpretación desgarradora y gracias, también, a la química que existe entre la pareja protagonista, que transforma cualquier atisbo de incredulidad en un canto a la osadía que supone ser uno mismo. 


 

Tomboy (2011).

 

    En 2011, Tomboy (algo así como machotona en inglés) de Céline Sciamma encandilaba al público del festival de Gijón que le otorgaba su premio. Cuenta la historia de Laure, una niña que se muda con su familia a un barrio a las afueras de París, por motivos que vas intuyendo a lo largo del metraje, y que aprovecha su condición de desconocida para hacerse pasar por el niño que ella siente ser, Mikael.

 

    Todo se complica cuando una de sus vecinas se enamora de ella y deciden vivir su primer amor en secreto dando luz a los rincones más oscuros de sus almas y viviendo, instintivamente, la libertad que da la inocencia y los sentimientos más puros.

 

    Tomboy es un claro alegato sobre la tolerancia y el amor incondicional que profesa la familia, y se cuenta a través de miradas, las de compasión que la madre regala a su hija, las de ternura y complicidad de la hermana pequeña o las de sufrimiento que Laure/Mikael nos clava a nosotros.

 

    Es una maravillosa muestra de cine sobre la infancia como momento determinante de la vida y como etapa de autenticidad en la que se dan los verdaderos pasos firmes de nuestra vida, cuando todavía no estamos impregnados por las manchas de los prejuicios y seguimos los dictados del corazón sin pensar que lo que hacemos puede hacerle daño a alguien o puede impedir que nuestra vida trascurra de una manera natural aún ajenos a la malvada convencionalidad que hay fuera del perfecto mundo que nos hemos creado.


         «La infancia como momento determinante de la vida y como etapa de autenticidad».


    Apoyándose en la magistral interpretación de Zoé Herán (Laure/Mikael) y en las situaciones que vive con un elenco de secundarios entregado, cada minuto, cada escena y cada diálogo son un milagro de naturalidad y ternura que se usa con el único propósito de defender a ultranza la lucha por ser un individuo a contracorriente; es de esas historias con la virtud de contar mucho con muy poco, apenas unos recursos y unos minutos nos meten de lleno en breves instantes como el de la plastilina o el momento de ir a hacer pis en el bosque que son auténticos caramelos envenenados de realidad.

 

    Tomboy no se puede definir como un relato sobre la búsqueda de la identidad sexual o individual, o como el conflicto que genera nacer en un cuerpo equivocado porque jamás nadie tuvo tan claro lo que es, como la/el protagonista. Tomboy es un soplo de aire fresco en el cine de temática transexual, en el cine de temática infantil, en el cine sobre cuestiones de familia, en el cine sobre amores incondicionales, en el cine de despertares; Tomboy es la crónica de una mentira, la que se creen los demás cuando sólo tú conoces la verdad. Tomboy es una preciosa rosa llena de espinas.


_______________


Pies de foto:


    [Imagen principal] Luiki Alonso (2014). 


    [Segunda imagen] Luiki Alonso (2014). 

 

Volver al número actual
Comentarios
[01 feb 2016 18:57] Don Chencho Villa <http://thechurchofhorrors.com/sitios/j.henares/> escribió:
Estoy repasando tus entradas que aún tenía sin leer. Sigo tomando nota, no paro de tomar nota.

Muchas gracias por compartir tu sapiencia con tanta pasión. Es realemente contagioso.
[02 feb 2016 11:42] Gocain escribió:
Muchas gracias por seguir leyendo "Chencho", no hay nada como tener una pasión y compartirla.
Luiki Alonso
Bibliotecario y documentalista casual, ilustrador, melómano y cinéfilo habitual
Fin de Año
Júlia Solans Viñeta mensual