¿La tecnología nos hace más solitarios?
CINE

¿La tecnología nos hace más solitarios?

    Muchas películas proyectan preguntas (o temores) sobre nuestra relación con las máquinas. Her es una película futurista que trata el tema, pero en un futuro muy cercano, en el que las tecnologías hacen más fácil la vida de los humanos pero pueden llegar a causar ciertas incertidumbres en lo referente a las relaciones sociales. ¿Puede una inteligencia artificial aprender de un humano y empatizar incluso en sentimientos con él?

 

 - ¿Me he metido en esto porque no soy lo bastante fuerte para mantener una relación real?

- ¿No es una relación real?

- No lo sé. Quiero decir, ¿tú qué piensas?

- No lo sé. No la estoy viviendo yo.


 (Jonze 2013)

 

    Cuarto largometraje dirigido por Spike Jonze, que se labró una enorme fama como director de vídeos musicales antes de dar el salto al cine con la aclamada Cómo ser John Malkovich (Being John Malkovich, 1999). Además, se trata del primer guión original escrito por Jonze, que conseguiría con este debut el Oscar en la ceremonia de 2014, un reconocimiento perfectamente comprensible a la vista de la original evolución de su argumento.

 

    La trama, ambientada en una ciudad de Los Angeles futurista (pero no mucho), se centra en Theodore, que trabaja en una empresa creadora de mensajes personales y cartas de amor para ayudar a la gente a relacionarse, demostrando tener una sensibilidad a prueba de bombas y una gran capacidad de volcar su imaginación en las relaciones de los demás. Pero su vida privada es muy distinta, puesto que hace poco se ha separado de su mujer y los recuerdos de una convivencia llena de amor han dado paso a una existencia demasiado rutinaria y realmente solitaria, en la que destaca su casi total incapacidad de relacionarse con quienes le rodean, una situación extrema que suaviza de algún modo utilizando todo tipo de dispositivos tecnológicos «sociales» (en su caso, realmente sustitutivos de las relaciones sociales). Pero precisamente este «abuso» de la tecnología funciona como un círculo vicioso que le hace estar aún más aislado respecto a la sociedad y a las demás personas, salvo contadísimas excepciones. De todos modos, su caso no es excepcional para nada, puesto que el ritmo de vida imperante y esta dificultad de relacionarse en sociedad se traduce en un porcentaje enorme de individuos con situaciones parecidas, verdaderos zombis sin alma deambulando por la gran ciudad, «colgados» de sus diferentes dispositivos electrónicos (pinganillos, terminales táctiles, pequeñas cámaras portátiles, ordenadores con reconocimiento de voz).


    El mayor apoyo tecnológico del que dispone Theodore es un novedoso sistema operativo con inteligencia artificial que decide comprar [1], un  sistema realmente avanzado e intuitivo, que muestra una asombrosa capacidad de desarrollo basándose en la experiencia, una cualidad que le permite evolucionar incluso en sensaciones y emociones. Esta inteligencia artificial adopta una personalidad femenina con el nombre de Samantha, y acompaña a Theodore a todas partes mediante varios terminales, mientras él se dedica a observar a los demás y hablar de ellos, pero sin casi posibilidades de relacionarse con otras personas. De hecho, incluso una cita con una chica acaba sorprendentemente mal cuando la cosa va a mayores y le entra una especie de pánico al pensar en la posibilidad de repetir con ella en otra ocasión. Precisamente será la relación de Theodore con Samantha la que ocupe la gran mayoría del metraje, mostrándole cada vez más cómodo con él (o ella, según se mire). Sus vínculos se van estrechando paulatinamente, permitiendo a Theodore olvidar su rutinaria soledad e incluso llegar a un punto emocional sorprendente que le deja realmente boquiabierto. Samantha le ayuda a volver a ser él mismo y a poder disfrutar y sonreír cada día [2], pero esta relación parece pasar por alto el hecho de que ella sea un ente inanimado, lo cual tendrá ciertas implicaciones que poco a poco se van haciendo más patentes y, por qué no decirlo, más reales y tangibles.


        «No se trata de una ensoñación o utopía que requiera un ejercicio profundo de reflexión y proyección en un futuro lejano, sino una cinta sobre “el pasado mañana”».


    En esta ocasión Jonze firma una película romántica en un entorno futurista cercano, pero tratando temas que no son demasiado «futuros», sino muy presentes en la realidad cotidiana actual, como la relación entre tecnologías y relaciones sociales. No se trata de una ensoñación o utopía que requiera un ejercicio profundo de reflexión y proyección en un futuro lejano, sino una cinta sobre «el pasado mañana», al estilo de la exitosa serie británica Black Mirror, con la que además tiene bastantes paralelismos (en concreto con un par de sus episodios) [3]. Todo gira en torno al problema inicial del protagonista: la soledad dificulta las relaciones sociales reales, lo cual inclina al individuo a poner barreras entre él y el resto de la sociedad, amparándose en los recursos tecnológicos. De este modo, un individuo solitario llevado al extremo (aunque, repito, el tema principal no es tan descabellado como parece y refleja realidades muy actuales) llega a confiar sólo en una inteligencia artificial que no le cause problemas, teniendo en cuenta también que el sistema operativo «Samantha» que muestra la película es capaz de evolucionar emocionalmente a la par que su dueño, y ahí es donde quizá radique el punto más «irreal» o «utópico». El argumento explota la paradoja de que el protagonista, un experto en crear sentimientos para otras personas (las cartas que hace en su empresa), sea incapaz de mostrar sus propios sentimientos a otros seres humanos y pierda cualquier valentía respecto a las relaciones sociales para encerrarse en sí mismo y en sus apoyos tecnológicos. 

 

 

    La puesta en escena de la película es realmente impecable, con un acusado minimalismo que se traduce en espacios abiertos casi sin mobiliario, todo muy impersonal y podría decirse que «aséptico», aunque la paleta de colores es realmente rica. La futurista ciudad de Los Angeles que aparece en la pantalla podría responder a cualquier barrio moderno de cualquier gran urbe actual, si bien hay que puntualizar que el rodaje corresponde a la propia ciudad californiana, mezclada con la ciudad china de Shanghai. Serán muchos planos realizados desde dentro de altos rascacielos los que le darán aún mayor entidad a los escenarios urbanos, una solución que años atrás ya había adoptado la exmujer de Jonze en Lost in translation (2003) para retratar Tokyo de una forma también bastante original. En cuanto al trabajo de fotografía e iluminación, realmente están cuidadísimos, y hay algunas escenas en las que se conjuga la acción real con proyecciones en pantallas que resultan de lo más rompedor y atractivo, como cuando Theodore parece ser la presa de la imagen proyectada en una gran pantalla en plena calle de un búho, que despliega sus garras alrededor de su cabeza.

 

    En cuanto a las interpretaciones, Joaquin Phoenix hace un papel realmente sólido, con una expresividad y una transmisión de emociones excepcional, que permite al espectador no sólo comprender perfectamente su evolución y sus altibajos a lo largo de la cinta, sino también incluso empatizar con su situación, por muy sociable o poco tímido que sea el espectador. Aunque realmente hay que hablar del sensacional papel de Scarlett Johansson como Samantha, una interpretación que se basta y se sobra sólo con su voz (la actriz no llega a aparecer en toda la película, no es para nada necesario) y con la sensualidad y emotividad de sus diálogos, que también consiguen un perfecto encaje con el personaje. En este punto hay que mencionar también que el doblaje al español es claramente deficiente al perder casi la totalidad de la riqueza de tonos de las voces originales. Es ya tradición hablar de este problema crónico en España, pero quizá resulte más fácil que la simple censura una firme recomendación: sólo viendo esta película en versión original se disfruta por completo de ella.


 

    Como cabe esperar en un director curtido en el campo del videoclip, la música tiene gran importancia en la película, algo que se puede comprobar desde bastante pronto, con temas, por ejemplo, de The Breeders [4]. Por su parte, la banda sonora la firma el grupo canadiense Arcade Fire, en colaboración con Owen Pallett y Karen O (vocalista de Yeah Yeah Yeahs).

 

    En esencia, esta cinta es un auténtico testimonio del desamor y de amargos sentimientos en torno a las relaciones sentimentales, un hecho que puede apoyar la teoría de que la dedicatoria de Jonze («a ella») tenga mucho que ver con la ruptura con su exmujer Sofia Coppola en 2003. Pero, más allá de consideraciones personales, el sentido del argumento puede resumirse en torno a una pregunta: la tecnología nos ayuda, pero, ¿también nos perjudica y nos hace más solitarios? La respuesta está al final del metraje.


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Pies de foto:


    [Imagen principal] Spike Jonze. Her (2013).


    [Segunda imagen] Spike Jonze. Her (2013).


    [Tercera imagen] Spike Jonze. Her (2013).

 

Notas:

 

    [1] Theodore lo adquiere tras quedar impresionado con un mensaje publicitario en una pantalla gigante: Le hacemos una pregunta sencilla. ¿Quién es usted? ¿Qué puede ser? ¿Adónde va? ¿Qué hay ahí afuera? ¿Qué posibilidades hay? Estamos orgullosos de presentar el primer sistema operativo artificialmente inteligente. Un ente intuitivo que le escucha, le entiende y le conoce. No es sólo un sistema operativo. Es una consciencia. Le presentamos OS1.

 

    [2] Theodore no es el único personaje solitario en busca de felicidad que aparece en la película. Por ejemplo, su amiga Amy (interpretada por Amy Adams) llega a declarar que “nuestra existencia es efímera, así que al menos quiero asegurarme felicidad”.

 

    [3] Sobre la serie pueden (y deben) consultarse las dos entradas de Valentín Rodríguez en este mismo magazine cutural:

 

    «Un lóbrego reflejo (I)» http://thechurchofhorrors.com/numero-0/2013/12/cine/un-lobrego-reflejo-i/

 

    «Un lóbrego reflejo (II)» http://thechurchofhorrors.com/numero-1/2014/1/cine/un-lobrego-reflejo-ii/

 

    [4] «Off you», un tema de su disco Title TK (2002).

 

 

Filmografía y enlaces de interés:

 

    JONZE, S. (director) (2013) Her (Largometraje, 120 min.) Estados Unidos: Annapurna Pictures.


    Ficha técnica en IMDb: http://www.imdb.com/title/tt1798709/

 

    Ficha técnica en FilmAffinity: http://www.filmaffinity.com/es/film889720.html

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Comentarios
[01 ene 2015 20:20] Valentín Rodríguez Cámara <http://thechurchofhorrors.com/sitios/bellam/> escribió:
Gran análisis Miguel. Estoy esperando a que pase algo más de tiempo y se me olvide un poco para volver a verla. La voz de Scarlett Johansson enamora en esta película y hace olvidar el anti-morbo de "Vicky Cristina Barcelona"... xD
[01 ene 2015 20:57] Miguel Dávila escribió:
Gracias, Valentín.
Es que la sensualidad de su voz es suficiente, no es necesario que aparezca en pantalla. El doblaje pierde casi toda esa esencia, esta película (insisto) es para verla sólo en V.O.(S.E.)
[02 ene 2015 12:04] Miguel Ángel escribió:
Genial Miguel. Estaba esperando que hicieses un análisis de esta película. Para mí, una de las mejores joyas visuales que he podido contemplar. Como bien dices, la película se disfruta por su contenido y por su estética, por los problemas que plantea y las situaciones en las que se mueve el personaje, por la banda sonora… Todo está en su sitio e incluso el aspecto utópico que resaltas al destacar la evolución emocional de Samantha no parece irreal en el film, sino que tiene una razón de ser. Es una auténtica delicia.
[02 ene 2015 23:55] Miguel Dávila escribió:
Gracias a ti también, Miguel. Es una película redonda por muchas razones, todo encaja a la perfección. Lo "utópico" es realmente lo que más da que pensar en nuestro presente, teniendo en cuenta el "futuro muy cercano" en el que se ambienta la peli.
Miguel Dávila
Disfruto el cine desde siempre. Lo investigo, escribo y charlo sobre él desde hace mucho.
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Júlia Solans Viñeta mensual