Un francés de las Ardenas en Jaén
HISTORIA

Un francés de las Ardenas en Jaén

        El Castillo de Santa Catalina, donde está el Parador de Turismo de Jaén, fue destrozado por las tropas napoleónicas en 1812. En 1970, un compatriota, pasó parte de sus últimos días de vida en este alojamiento. Buscaba paz para escribir sus memorias y descubrió una tierra que le encandiló y que recuerda su paso.

 

    Buscaba calma Charles de Gaulle cuando llegó a España en 1970. Le hacía falta al hombre, que a sus 80 años, a meses de fallecer, prácticamente acabada de presentar la dimisión como presidente de la V República Francesa. Tuvo que abandonar el Palacio del Eliseo, entre otras cosas, acuciado por los ecos libertarios del mayo del 68 parisino. Fue una culminación civil a una trayectoria militar que le llevó a combatir en la I Guerra Mundial y a convertirse en el jefe de la llamada “Francia Libre”, protagonista de la lucha contra la ocupación Nazi de su bello y chovinista país.


        «Llegó a Jaén, con su guardaespaldas y su señora, Yvonne Vendroux, en plena feria chica, la que dedican en la capital de la olivarera provincia a la Virgen de la Capilla».


 

    El octogenario, nacido en la región de la Champaña-Ardenas, quería escribir sus memorias y optó por buscar paz durante un viaje por la España de Franco. El generalísimo le dio gloria bendita y le recomendó alojarse en los Paradores, blindados por la Policía y la Guardia Civil. En su periplo, recaló en la capital del Santo Reino. Llegó a Jaén, con su guardaespaldas y su señora, Yvonne Vendroux, en plena feria chica, la que dedican en la capital de la olivarera provincia a la Virgen de la Capilla. Del 9 al 13 de junio se alojó en las habitaciones del Castillo de Santa Catalina, en el monte homónimo. Ocupó una magnífica habitación, la número 13, desde la que disfrutó de las lunares vistas de Jabalcuz. No está muy claro si pidió huevos fritos, que gustosamente te preparan en el desayuno en este alojamiento, considerado entre los mejores de la red de Paradores, o si probó todos los manjares que ofrece el terruño; lo que sí pasó a la Historia es que el aceite le gustó muchísimo y la pipirrana también.


        «Hizo de la ciudad su base de operaciones para conocer otras capitales, en principio, más turísticas, como Granada o Córdoba».


 


    Estuvo encantado con la ciudad que tenía a sus pies y el lecho, sobre todo, el lecho, que era grandísimo, adecuado a su estatura y que le permitía dormir como un bendito. Cosa curiosa, al menos desde la perspectiva actual, en lugar de visitar Jaén de paso por Andalucía, hizo de la ciudad su base de operaciones para conocer otras capitales, en principio, más turísticas, como Granada o Córdoba. En noviembre de 1970 falleció. Antes, este hombre galo de mundo, influyente, dicen que padre del europeísmo, odiado y amado, apodado Pétain, había conocido, además de medio mundo, las tierras jiennenses. El Castillo de Santa Catalina, que tanto le gustó, lo habían dejado destrozado sus compatriotas, en 1812, durante la ocupación francesa de esta plaza. Eran otros tiempos aquellos, cuando Napoleón invadió España y a sus soldados les dieron para el pelo en la Batalla de Bailén. Todo eso conoció De Gaulle en primera persona, gracias a un gran viaje que le llevó al sur del Viejo Continente en su Citroën Tiburón negro.

 

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Pies de foto


[Imagen principal] Giuseppe Brunetto (2014) Vistas del Castillo de Santa Catalina desde la Carretera de Córdoba.

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