Sí, podemos
SOCIEDAD

Sí, podemos

Ante todo, te pido perdón. No lo vi llegar porque el nihilismo y el abatimiento hace tiempo que se apoderaron de mí y, en gran medida por ello, hace tiempo que soy poco más que un muerto en vida. La única diferencia entre un muerto y yo es que, en cualquier momento, yo puedo resurgir de mis cenizas y convertirme en el vivo menos muerto que exista mientras que él no.


    Así fue como me sentí y así es como me siento tras la celebración de las elecciones al Parlamento Europeo. De entrada, pensé que todo estaba perdido, la misma bazofia, los mismos discursos, la misma propaganda, los mismo votantes, los mismos resultados… «el devenir del eterno retorno».

 

    El domingo 25 de mayo, como hasta ese día era habitual en mí, ni se me pasó por la cabeza ir a votar. Siempre me ha parecido curioso, escuchar a los que me reprochan mi actitud argumentando: «muchas personas han dado su vida para que tú puedas votar». Ese razonamiento, además de ser simplista, ya que la abstención debería de ser una postura tan válida como cualquier otra, (somos demócratas ¿no?) es erróneo. En mi opinión, aquellas personas que perdieron su vida, la perdieron para que tuviésemos la oportunidad de «participar activamente» en todos aquellos asuntos que nos afecten como miembros de un colectivo, en este caso, como ciudadanos de un país. ¿Cómo se puede ser tan hipócrita de sentir que se ha cumplido por el simple hecho de introducir una papeleta en una urna? ¿No merece esa actitud el más severo reproche? Pero no, «he ido a votar, he cumplido mi obligación». Hace unos años, con motivo de las elecciones generales del 2011, leí una reflexión inquietante, cuanto menos, respecto a esta cuestión, se titulaba algo así como «el poder de la indiferencia». En ese artículo se citaban unos datos publicados en una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), los cuales reflejaban, de forma aproximada, que el 80% de la población encuestada no tenía ningún interés en la política y de ese 80%, el 90% manifestaba su intención de ir a votar «del espejo la locura». Dudo que en estas últimas elecciones, el resultado de la encuesta fuese muy distinto…


        «Aquellas personas que perdieron su vida, la perdieron para que tuviésemos la oportunidad de «participar activamente» en todos aquellos asuntos que nos afecten como miembros de un colectivo, en este caso, como ciudadanos de un país».

 


 

    «Mientras continuaba, como hacía a diario, cavando el foso para mi propia tumba,  en un alarde de valentía, muy poco frecuente en mí, decidí introducirme en él y comprobar que era lo suficientemente profundo como para que cupiese el ataúd sin ningún problema. Al estar dentro de aquel agujero, me sentí insignificante, enano, despreciable, ínfimo, mediocre… y decidí que no quería estar ahí, que no era mi sitio  y que debía salir cuanto antes. Empecé a agarrarme a las paredes e intentar subir con todas mis fuerzas, pero desde hacía dos semanas no había parado de llover y la tierra estaba muy húmeda. Las manos y los pies me resbalaban al intentar impulsarme y era prácticamente imposible salir de ahí…»

 

    Pese a que las encuestas pronosticaban un avance de los partidos minoritarios, nunca me habría llegado a imaginar los resultados que finalmente obtuvieron (te tengo que confesar que he disfrutado como un crío viendo las caras de los Ilustrísimos Señores Don Alfredo Pérez Rubalcaba y Don Mariano Rajoy Brey, mientras analizaban los resultados electorales). Bromas al margen, aunque no te prometo nada porque es difícil, mucho más preocupante me parece el análisis que realizaba al respecto,  el Ilustre Señor Don Felipe González Márquez. Entre sus joyas destacan las siguientes:

    “Temo que prendan, durante cierto tiempo (que no pasa nada tampoco) sólo es cuestión de esperar, propuestas que llamaremos, utopías regresivas” “Una alternativa bolivariana para España o para Europa sería una catástrofe sin paliativos. Ojalá no llegue, pero si llega por lo menos uno tendría el consuelo de decir yo ya lo dije”.

 

    A este buen hombre, le preguntaría varias cosas, entre otras, las siguientes:

    ¿Cómo definiría catástrofe? ¿Qué porcentaje de la población debería estar por debajo del umbral de la pobreza para que se pudiese considerar una catástrofe? o ¿Cuántas personas deberían estar sin empleo? O ¿Cuánto debería caer la tasa de natalidad? o ¿Cuántas trabas deberían existir a la libre circulación de personas? o ¿Cuánto habría de subir los impuestos? O ¿Cuánto dinero habría que darle a los bancos para que el crédito volviese a fluir hacia las PYMES? O ¿Cuánto debería crecer la tasa de abandono escolar? Quizás, a día de hoy, no estemos tan lejos de la situación que este gran erudito profetiza. Otra posibilidad, aunque remota, pero que no hay que descartar, es el hecho de que a Don Felipe no le afecte la crisis  con la misma intensidad con la que le afecta a la mayoría de la población y de ahí su pronóstico de que todo podría ir mucho peor. Como te digo, esta posibilidad es poco probable pero merece ser señalada.  Sin duda, en mi opinión, la frase de Mahatma Gandhi, es extremadamente ilustrativa de la evolución de los hechos que están ocurriendo.

 

    «Primero te ignoran, después se ríen de ti, luego te atacan, entonces ganas» (queda pendiente, como  trabajo opcional para el lector, ubicar el sabio dircurso de Don Felipe en una de las diferentes etapas de la frase de Mahamat).

 


     «Cuando se vislumbra un nuevo paisaje hay cabida tanto para la esperanza como para el escepticismo».


 

    No obstante, no hay que olvidar que el juego sigue siendo el mismo de siempre, han entrado algún que otro jugador nuevo (y cada uno de éstos de su padre y de su madre) pero la mayoría de jugadores siguen siendo los mismos. El pasar del decir al hacer nunca es fácil y menos si se esfuerzan por impedírtelo. Quizás esa sea nuestra mejor herramienta para que el futuro pueda cambiar, «darles la oportunidad para que puedan demostrar hasta dónde son capaces de llegar».

 

    «…Después de permanecer en esa asquerosa ratonera durante unas cuantas horas y resignarme a que jamás saldría de allí, empecé a analizar todo lo que me rodeaba. No tardé mucho en apreciar que la pequeña pala que había utilizado para cavar  aquel pérfido hoyo estaba semienterrada a escasos centímetros de mí, al parecer se había caído cuando salté dentro del foso. En ese momento supe que la misma herramienta  que casi acababa con mi vida, me daría la posibilidad de aferrarme a élla más que nunca».

 

    Cuando se vislumbra un nuevo paisaje hay cabida tanto para la esperanza como para el escepticismo. En un primer momento fui preso de éste. No creí en ti porque hace tiempo que dejé de creer en mí y, por ello, te pido una vez más perdón. En el futuro trataré de respetarme, porque, hasta que se demuestre lo contrario, sé que estarás ahí y que estoy en deuda contigo. 


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Pies de foto


[Imagen principal] Chema Peral (2014) Esperanza hay mas de una.

 

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