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SOCIEDAD

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    Volver resulta complicado cuando la primera opción es escapar; huir de un país en el que día tras día se suceden escándalos que desbordan los posibles adjetivos con los que calificar un espectáculo de tal grado de ignominia, bochorno y vergüenza. Volver para encontrar un horizonte plagado de precariedad, temporalidad e incertidumbre no es el mejor de los planes para aquellos que buscan un proyecto de vida. No podemos culparlos si no quieren volver, pero tampoco podemos olvidarlos.

 

    El escritor checo Milan Kundera describe de la siguiente manera el sentimiento de nostalgia en su novela La Ignorancia. «En griego, “regreso” se dice nostos. Algos significa “sufrimiento”. La nostalgia es, pues, el sufrimiento causado por el deseo incumplido de regresar». Esta sensación es compartida por miles de españoles que han tenido que emprender un viaje de ida cuyo regreso se plantea incierto. Con este artículo queremos hablar de la emigración de la juventud española, pero no solo con datos, sino a través de la historia de cuatro jóvenes que viven y trabajan fuera de nuestro país.

 

    María (29) vive en Tübingen (Alemania) desde hace algo más de dos meses. Es licenciada en historia y tiene tres másteres, sin embargo, las ocasiones de encontrar un trabajo mínimamente vinculado a sus estudios han sido nulas en estos últimos años. Por suerte, su excelente expediente le ha permitido realizar un doctorado en egiptología en la Universidad de Tübingen por un periodo de cuatro años. «La oportunidad que me han dado es irrechazable, incluso teniendo trabajo en España quizás hubiese venido. Sin embargo, es cierto que he acabado aquí porque en estos últimos años mis posibilidades siempre fueron reducidas; es decir, seguir formándome con la esperanza de mejores tiempos era prácticamente mi única opción», declara.

 

    Álvaro (23) estudió ingeniería de caminos. Tras una beca Erasmus en Rennes, decidió volver a Francia y ahora trabaja en París como ingeniero de estructuras. «El Erasmus me hizo ver que salir del país es una experiencia positiva, a parte evidentemente de las consecuencias de la crisis que impiden encontrar un trabajo bien remunerado y adecuado al nivel del estudios», comenta.

 

    Carlos (24) estudió arquitectura técnica e ingeniería civil. En su caso, el Erasmus que hizo en Copenhague también le animó a continuar sus estudios allí. Ya lleva 3 años viviendo en la capital danesa y un año trabajando para una empresa de ingeniería. «Más que optar por marcharme, opté por no volver, aunque mi decisión podría haber sido otra si la situación económica hubiera sido diferente en España, pero ese no es el caso», matiza.

 

    Miriam (33) vive en Edimburgo. Estudió arquitectura técnica y después de casi un año buscando trabajo en España decidió trasladarse a Reino Unido con la idea de aprender el idioma. Aunque solo había pensado en quedarse unos meses, lleva ya cuatro años en la ciudad escocesa. Miriam ha trabajado por un largo periodo en el restaurante de un hotel y ahora lo ha dejado para buscar un trabajo acorde a sus estudios. «Probablemente no habría optado por marcharme si la situación económica no fuera la que estamos viviendo», señala.


        «Nos han impuesto nuevas reglas de juego haciéndonos creer que tenemos que aceptarlas bajo cualquier precio».


    Alemania, Francia y Reino Unido son los tres países que han recibido más emigración española en los últimos 6 años. Los tres juntos recibieron el 30% del total de las inscripciones consulares en el exterior en 2012.

 

    En estos años de crisis las sensaciones de desesperanza, pesimismo y frustración son la constante de una generación que no está perdida, sino a la que este país parece que se ha empeñado en perder. Nos han impuesto nuevas reglas de juego haciéndonos creer que tenemos que aceptarlas bajo cualquier precio. No aspiréis a vivir como nuestros padres, tener una carrera y un máster no os asegura nada, muy posiblemente no trabajéis de lo que habéis estudiado, es normal que ocupéis un puesto para el que estáis sobrecualificados o en el que os explotarán porque total, como tú hay muchos esperando.

 

    Pero esto no es lo normal; lo normal sería que después de años de formación y esfuerzo económico los jóvenes españoles tuvieran la oportunidad de demostrar su valía y de conseguir un empleo digno, en lugar de tener que emigrar a otros países para lograrlo.

 

    «Yo me crié con el cuento de que si hacías las cosas bien, si te esforzabas, si trabajabas duro, tendrías tu recompensa. No sé cómo se les habla del futuro a los jóvenes de hoy, quizás no se les habla directamente. No me siento decepcionada porque sienta que me deben algo, es más bien porque siento que ahora debería ser mi turno, dar algo yo, reinvertir de alguna manera todo lo que he aprendido y adquirido» (María).

 

    Mientras tanto, esos que dicen ser nuestros representantes se empeñan en minimizar la situación y emplear eufemismos como «movilidad exterior» o «impulso aventurero» en lugar de enfrentar un problema que, innegablemente, tendrá consecuencias en la economía y el desarrollo de nuestro país.

 

    «La posición del gobierno es penosa, la realidad es que somos inmigrantes, aunque ni nosotros mismos lo queramos creer» (Miriam).

 

    «Hablamos de exilio económico. No estamos forzados, al menos en mi caso y los que conozco, pero claramente las condiciones laborales de Francia son mucho mejores que en España por expectativas, tipo de trabajo y económicamente hablando» (Álvaro).

 

    «No creo que sea algo que se pueda entrar a valorar estando sentado calentito en España. La definición es lo de menos, la emigración juvenil es un hecho y lo que nos ha ‘tocado’. Nos guste o no» (Carlos).

 

    «Las palabras de Fátima Báñez me parecieron en su momento un verdadero insulto. Hace 10 años podías hablar quizás de movilidad exterior. Los españoles salían para mejorar su formación o simplemente buscando otra experiencia de vida. Hoy en día, salvo contados casos, el español sale porque es consciente de que su país no tiene absolutamente nada que ofrecerle» (María).


        «Lo normal sería que después de años de formación y esfuerzo económico los jóvenes españoles tuvieran la oportunidad de demostrar su valía y de conseguir un empleo digno».


    Es evidente que vivimos en un planeta cada vez más globalizado, en el que los jóvenes estamos más dispuestos a conocer mundo y a vivir en el extranjero. Muchos elegimos vivir experiencias como hacer un Erasmus, un Au pair o realizar prácticas fuera para enriquecernos en lo personal y en lo profesional. Pero, la gran parte de la emigración no es voluntaria cuando tu país tiene el 53,8% de los jóvenes entre los 15 y los 24 años en paro; donde un 28% de los jóvenes que trabajan lo hacen a tiempo parcial y sujetos a contratos en prácticas de los que solo un 20% consigue un contrato indefinido; donde del total de contratos registrados entre la población de 16 a 29 años, el 92,3% son temporales y solo el 7,7% son contratos indefinidos; o donde el 54,9% de los menores de 30 años ocupan un puesto laboral para el que se requiere menos cualificación de la que tienen.

 

    La emigración es voluntaria cuando tienes la tranquilidad de que podrás volver a tu país en cualquier momento, cuando sabes que tendrás oportunidades y que tú trabajo se valorará.

 

    Si atendemos al último Eurobarómetro sobre juventud y comparamos los porcentajes de jóvenes que están dispuestos a marcharse a trabajar fuera entre los países con más y menos paro juvenil de la Unión Europea, el contraste es abismal. En los países con una alta tasa de desempleo juvenil, una significativa proporción de jóvenes se sienten obligados a trasladarse a otro país de la UE. Por el contrario, pocos jóvenes se sienten así en los países de la UE con una tasa de desempleo baja (menos del 5% en Austria, Alemania, Suecia, Dinamarca y los Países Bajos). Por otro lado, un 57% de los encuestados se sienten marginados de la vida económica y social de sus países debido a la crisis económica (en el caso de España, el porcentaje se eleva al 84%) y un 26% dijo sentirse forzado por la crisis a ir a otro país de la UE para estudiar o trabajar. El porcentaje asciende al 38% en los jóvenes españoles.

 

    «Aventurero era Indiana Jones, ese sí que era un aventurero. Los más afortunados de nuestra generación hemos crecido con todo, posibilidad de estudiar y la nevera llena. Cuando la dinámica de confort se acaba y se sale al mundo laboral empieza la película. O se rueda en casa, o se baila al ritmo de las prácticas y te quedas en España o te vas fuera e intentas abrirte camino a base de agachar la cabeza y bailar al ritmo que se baila dónde te vayas, porque no puedes olvidar que siempre serás un inmigrante. Yo antes de trabajar de lo mío he repartido periódicos y he trabajado gratis, pero eso no suele salir en los programas de la tele» (Carlos).

 

    «La juventud es más receptiva gracias por ejemplo al programa Erasmus y a las ventajas de la Unión Europea. Pero eso no justifica las dificultades a las que tiene que enfrentarse cualquier persona que emigra. En Francia los jóvenes son igual de aventureros, pero no lo tienen difícil para trabajar en Francia. Es más salen más animados sabiendo que pueden arriesgar ya que si sale mal siempre podrán volver tranquilamente» (Álvaro).


        «Te quedas en España o te vas fuera e intentas abrirte camino a base de agachar la cabeza y bailar al ritmo que se baila dónde te vayas, porque no puedes olvidar que siempre serás un inmigrante».


    «Cuando uno es aventurero y quiere explorar, formarse, vivir en otro sitio con todo lo que ello implica, cuando la decisión es personal y no es consecuencia de la necesidad, si estamos hablando de movilidad. Pero el término emigrante para mí implica una obligación. Ser aventurero puede facilitarte el camino, la actitud con la que emprendes el proyecto. Pero siempre es difícil dejar cosas atrás y enfrentarte a lo nuevo» (María).

 

    «No creo que el hecho de que nuestra generación pueda ser más ‘aventurera’ justifique las dificultades a las que tienen que enfrentarse cualquier persona para trabajar y vivir fuera del país en el que ha vivido y crecido, aunque superar estas dificultades te hace más fuerte y vivir en otro país abre tu mente» (Miriam).

 

    El dato de emigración registrada a lo largo de la crisis es una gran incógnita a la que el Gobierno parece no querer dar respuesta. Según los datos oficiales —los que aporta el INE—, 225.000 españoles han abandonado nuestro país —, pero según un estudio de la Fundación Alternativas la cifra podría elevarse hasta 700,000 entre 2008 y 2012. La explicación de este desbarajuste se debería a que la contabilización oficial solo tiene en cuenta a aquellos que se han inscrito en el consulado español del país en el que residen. Registrarse no aporta beneficios significativos y para poder hacerlo debes acreditar un permiso de trabajo de al menos un año de duración, algo que no pueden acreditar todos los españoles que llegan. Por tanto los datos son sesgados, deficientes y muy alejados de la realidad.

 

     «Fui a registrarme el primer año que estuve en Dinamarca, pero no llegué a registrarme por ciertos problemas de papeleo. Sí sé los requisitos que se necesitan, pero aparte de la participación en los procesos electorales, no creo que me ayudara en algo más estarlo» (Carlos).

 

    «Sí estoy registrada, aunque soy la excepción ya que no conozco a ningún otro español que este dado de alta» (Miriam).

 

    «Ni lo estoy ni sé qué requisitos hay que cumplir. No creo que sirva para nada. La empresa me proporciona acceso a la seguridad social y un seguro privado» (Álvaro).

 

    «No, no lo estoy. Y no conozco a nadie en la comunidad española de la ciudad que lo esté. Al menos no en el consulado español. Aquí lo normal es empadronarse, es obligatorio cuando estás residiendo de manera permanente, aunque sea por poco tiempo. Si el gobierno español quisiera realizar unas estadísticas correctas, debería acudir a las fuentes censales de otros países. Aunque supongo que eso ya lo saben y no les sale a cuenta» (María).


        «Cuando estás fuera el sentimiento es tan indignante como cuando estas allí, solo que encima aquí tienes que lidiar con la opinión de amigos y compañeros que te preguntan cómo somos capaces de permitir esas cosas».


    Las noticias de los últimos meses han generado un profundo hartazgo. La gente está cansada de tanto inepto y corrupto. Pero, ¿qué sienten los españoles que están fuera cada vez que escuchan lo que está sucediendo?

 

    «Me dan ganas de vomitar. Tendría que cambiar el panorama político COMPLETO, lo que implica que también debería cambiar la mentalidad de la mayor parte de mis compatriotas (algo poco probable)» (Álvaro).

 

    «La verdad es que estoy bastante decepcionada con España, no sé cómo podríamos cambiar este panorama, al menos creo que si nos marchamos, habrá menos competencia a la hora de buscar trabajo» (Miriam).

 

    «Me siento avergonzada. Cuando estás fuera el sentimiento es tan indignante como cuando estas allí, solo que encima aquí tienes que lidiar con la opinión de amigos y compañeros que te preguntan cómo somos capaces de permitir esas cosas. España tiene una imagen de país corrupto e incapaz para muchas cosas. Aquí por ejemplo fue bastante sonado el caso del contagio de ébola. No es que te sientas herido en tu orgullo patrio o algo así, a mí me da igual si tachan a Rajoy y compañía de ineptos, porque eso es lo que son. Pero fueron elegidos democráticamente, ¿qué dice eso de nosotros?» (María).

 

    «Indiferente. Triste pero cierto, al principio sentía mucha vergüenza, pero es tan frecuente que al final te acabas acostumbrando. Lamentable» (Carlos).

 

    Sin embargo, la juventud no se rinde. Muchos de los que se han ido y de los que han decidido quedarse han optado por actuar y movilizarse para cambiar los cimientos de un país perdido. El surgimiento de nuevos movimientos ciudadanos que aspiran a regenerar una democracia arcaica no es pura casualidad, aunque fueran subestimados un 15 de mayo de 2011. Un buen ejemplo de ello es la plataforma Juventud SIN Futuro o la Marea Granate. La pregunta es ¿quiénes volverán? y ¿qué futuro le espera a un país que tiene a una de las generaciones más preparadas en el extranjero?

 

    «Yo voy a estar donde se aprecie mi trabajo. Espero que algún día sea España, ¿por qué no? Tenemos un patrimonio inmenso y muy valioso. Podría generar riqueza si se plantease correctamente. Tienen que cambiar las cosas obviamente. La cultura ha sido uno de los sectores más castigados por la crisis y los recortes y para algunos políticos es más que prescindible» (María).

 

    «No quiero volver, por ahora, aunque tampoco imagino mi futuro aquí. Probablemente iré donde encuentre trabajo (Miriam).

Me gustaría volver pero muy a largo plazo por el momento» (Álvaro).

 

    «Por supuesto que me gustaría volver, yo soy bastante casero y difícilmente se pueda vivir mejor que en Granada. Pero creo que aún tiene que cambiar la cosa. Prefiero no perder el tiempo imaginando el futuro y vivir un poco más el presente» (Carlos).

 

    Pero el viajero que huye tarde o temprano detiene su andar...

Y aunque el olvido, que todo destruye,

haya matado mi vieja ilusión,

guardo escondida una esperanza humilde

que es toda la fortuna de mi corazón.

 

                               Volver, Carlos Gardel.


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Pies de foto:


    [Imagen principal] Anarela (2014).



Referencias:

 

    Eurobarómetro (European Youth in 2014):

http://www.europarl.europa.eu/pdf/eurobarometre/2014/youth/eb_395_synthesis_youth_en .pdf

 

    Flash Eurobarómetro

http://www.europarl.europa.eu/pdf/eurobarometre/2014/youth/fl395_european_youth_in_2 014_es_es.pdf

 

    Informe ‘La nueva emigración española. Lo que sabemos y lo que no’. Amparo González-Ferrer. Fundación Alternativas (2013):

http://www.falternativas.org/laboratorio/libros-e-informes/zoom-politico/la-nueva- emigracion-espanola-lo-que-sabemos-y-lo-que-no

 

    Observatorio de emancipación (1o trimestre de 2014):

http://www.cje.org/descargas/cje5574.pdf

 

    EFE. (2013, 7 de noviembre). El 89% de los españoles que emigran en busca de empleo cuenta con educación superior. El País.

Recuperado el 21 de noviembre de 2014, desde:

http://economia.elpais.com/economia/2013/11/07/empleo/1383838356_819951.html

 

    García, A. (5 de agosto de 2014). El mapa de la precariedad juvenil en España: contratos de prácticas y temporales. El País. Recuperado el 21 de noviembre de 2014, desde:

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2014-08-05/el-mapa-de-la-precariedad- juvenil-en-espana-contratos-de-practicas-y-temporales_172129/

 

    Junquera, N. (17 de octubre de 2014). La España menguante. El País. Recuperado el 21 de noviembre de 2014, desde:

http://internacional.elpais.com/internacional/2014/10/17/actualidad/1413567922_560704.ht ml

 

    Pérez, S. (10 de diciembre de 2012). Un 68% de los emigrantes españoles son invisibles para las estadísticas oficiales. Eldiario.es. Recuperado el 21 de noviembre de 2014, desde:

http://www.eldiario.es/sociedad/sabemos-nueva-emigracion-espanola_0_191081635.html

 

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